OPINIÓN

Los números y el verano

El turismo es la primera industria provincial y sus datos demuestran que hay que diversificar

La Voz de Cádiz
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Hace muchos años que es una realidad y sería de necios negarla, matizarla, siquiera lamentarla. Es una evidencia que el turismo y sus empresas auxiliares forman el sector económico más robusto de la dañada economía provincial. Ningún otro (si se suman hoteles, hostelería, transportes y suministros) mueve más dinero, más productos y más empleo en una zona con graves problemas de paro estructural. Los ciudadanos hace tiempo que lo saben. Nadie va a sorprenderse de esa situación. Tiene ya tiempo y trayectoria. Tanta, que los gaditanos conocemos los beneficios y los inconvenientes de vivir pendientes del turismo. El mayor de sus defectos es la estacionalidad, la temporalidad y la fragilidad ante unos elementos tan incontrolables como la climatología. Este verano sin calor lo estamos comprobando. Esa característica ha marcado hace años las estadísticas de empleo y, por extensión, los ingresos en miles de familias.

Las instituciones y las empresas, los expertos y los profesionales, llevan lustros hablando de la necesidad de «romper la estacionalidad». Esa expresión, traducida, significa que la provincia y su sector turístico necesitan que vengan todo el año, que no se concentren sólo en estos dos meses principales del verano, quizás en alguna semana festiva de primavera o invierno. Uno de los caminos para conseguirlo es reforzar nuevas fórmulas.

La de los alquileres turísticos, la de esa mezcla entre apartamento común y habitación de hotel, sin más servicios ni instalaciones, es una de las vías en auge. Es cierto que, al fomentar el turismo familiar y urbano, se rompe la estacionalidad. También es muy poco agresivo para el urbanismo y el paisaje, no precisa de grandes instalaciones. A cambio, no crea tanto empleo y precisa de mayores controles administrativos.

Pero lo importante es que contribuye a reforzar el turismo, nuestra mayor riqueza a repartir. Contribuye a que sea estable, a que los niveles de estancias y visitas mantengan cierta regularidad. Es una pieza más del puzzle. El turismo rural crece sin cesar. Los cruceros llegan con un ritmo nunca conocido a la capital gaditana y los pequeños desplazamientos familiares son cada vez más comunes. El sol y la playa conservan su fuerza espléndida pese al Poniente.

Con los números en la mano, resulta evidente que ha llegado el momento de diversificar atractivos y temporadas para que haya más que verano.

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