José Landi - OPINIÓN

Nenazas

Dice Almudena Grandes que otro escritor –no me acuerdo ni voy a buscar ahora

José Landi
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Dice Almudena Grandes que otro escritor –no me acuerdo ni voy a buscar ahora– le contó que nunca conviene sentir cuando escribes. Hay que dejar de sentir –lo que sea– antes, esperar a que baje el bollo, a que se enfríe la patata, a que la cantidad de sangre en los ojos vuelva a niveles habituales. Entonces, después, sí. Los que hemos cometido el error con insistencia (las redes son epítome) sabemos que tiene mucho de cierto. Mejor decir ya con el poso de lo sentido mezclado con lo pensado, con lo que creemos recordado. Tiro de ese consejo a veces. Cada vez que escucho negar las cámaras de gas y las cunetas de aquellos años o el saqueo de los corrientes. Estas semanas susurro también el karma en otra ocasión: cada vez que oigo, leo, veo negar el machismo en cualquier versión. Y me pasa a diario. Leo, veo, miro a hombres y mujeres que directamente, completamente, lo niegan. No lo matizan, ni lo justifican, no lo celebran o lo evitan. No: es que lo niegan. Y los revisionistas son, en cualquier debate, los más despreciables. Por cínicos. Con la sonrisa del «no es para ponerse así» son profetas del «es que no es así». La negación del crimen, el abuso o la discriminación es la más cómoda de las respuestas porque logra evitar todas las demás. Si no hay nada, tampoco discusión, responsabilidad o vergüenza, mucho menos medidas que tomar y vicios que corregir. Para qué hacer nada si no pasa nada. Cualquier episodio, qué sé yo, una crudelísima violación en grupo, unas asesinadas por sus parejas, el enésimo insulto público a una política se reduce a un hecho aislado que merece juicio y condena sin más, al margen del género de la víctima o el autor. Cosas que pasan. C’est la vie. O la mort, según el caso. No hay tangazo salarial y de pensiones, ni techo cristalino, ni a tu casa por preñada, ni baboseo callejero, ni desequilibrio entre expedientes académicos y porcentaje de directivas, no existe acoso laboral pandémico, el número de forzadas por hombres y de hombres forzados por mujeres debe ir así, así. Nunca desventaja instalada por cuestión de nacimiento, por algo que nadie elige. Eso, sin hablar de mundos remotos como ablación, matrimonio con menores, burka, Jalisco, Veracruz... Todo inventos. Exageraciones si coges al revisionista generoso. Mejor eludir la simpleza de recordar que los cínicos tienen madre (todos tuvimos o tenemos una y Juan Carlos Aragón en la de todos), ni que pueden tener hijas (tampoco se elige). Es de memos ensalzar a la mujer como ser aurífero ‘per se’ porque como todo ser humano es miserable y estúpido en un porcentaje insoportable. Para desconfiar de la especie tampoco discriminemos por género. Simplemente se trata de esperar que el próximo jueves dure tres o cuatro décadas, hasta convertir el machismo brutal, sistemático, automático y secular en un animal en retirada, acorralado y cada vez más débil. 2017 fue tan buen momento como cualquier otro para empezar y, además, tampoco es para ponerse así. Si alguien se queja, se le dice que no es lo que cree, que no es tan así. Por lo visto, la técnica funciona. Ha funcionado siglos.

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