OPINIÓN

La Navidad y esas cosas que no hay que contar

Hacer de madero en la aduana propia de la opinión supone estar siempre alerta de que no se cuele ninguna idea que te busque problemas

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Uno, que se dedica con un éxito exiguo a esto de poner en fila palabras una tras otra, siente a menudo el vértigo de discernir entre lo que hay que callar y lo que hay que contar. Hay siempre cierta inseguridad a la hora de levantar un Muro de Berlín (o pasarela de Loreto) que establezca qué mandamos a rotativa y qué es mejor enviar a la hoguera de las letras no impresas. Hacer de madero en la aduana propia de la opinión supone estar siempre alerta para que no se cuele como polizón un párrafo comprometedor, ventajista o de los que forman parte de esas cosas que no hay que contar.

No le engañaré, amigo lector, si le digo