Opinión

MeonaetxeaÁ

Ah ah. Celaá. Ja ja. Te han pillado

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Ah ah. Celaá. Ja ja. Te han pillado. Cicerona y portavoz que presume de no hablar bien el castellano por dominar la lengua de las cavernas y de los montes euskaldunes. La falta de dominación romana, la pureza de sangre y el impacto emocional de ser como el racista, misógino y xenófobo Sabino Arana, complican la toponimia y los gentilicios en el caso de los caseríos habitados por cabras y vascos, que desde luego no pueden denominarse lugar de los egabrenses, como si ocurre, con el del lugar de nacimiento de la de las “cuotas”. Llego a la conclusión que la de Cabra es vicepresidenta por mor de la cuota y por nada más. No da una derecha. Le podría causar urticarias. Su siniestra la persigue, amén de enorgullecerse de ello. La consecuencia, lo siniestro de sus decisiones políticas. Es la “vicefeminista” y “vicepoliticamentecorrecta”. Pero cuidado con los orígenes etimológicos. Egabrense viene de tumba y los vascones que son muy primitivos pensarían que “los y las cabras” viene de Cabra. Pero como eran de Bilbao, yacían en la tierra que los vio nacer, arrastrar piedras y cortar troncos. Amén de romperse las manos como pelotaris. Porque los de Bilbao son “la hostia”, como recalcan todos los días. A este paso la otra siniestra ministra de la larga serie, por eso de recordar a diario que es de izquierdas y progre como la que más, exige paridad entre los vascos, vascas, cabras y cabrones. Y sólo así, el “baserri”, como llaman los aldeanos herederos de las antiguas tribus vasconas al caserío, quedará paritariamente conformado. Fíjense que pretendía hablar del “casoplón” de la ministra de Bilbao. Y miren los derroteros por los que transito. Porque en aquellos confines donde los vascos y las vascas se funden con el terrón y la tierra, con el animal y la bestia, concibiendo un ecosistema anterior a la creación del universo, que impide constatar la teoría de los agujeros negros, una ministra, portavoz en español del gobierno de España, dice que tiene dificultades para expresarse en castellano. Y eso que el Señorío de Vizcaya, era castellano de pureza virginal, ya que, por herencia materna, en 1370 recae en el Infante don Juan de Castilla, que hereda de su padre el reino de Castilla, como Juan I, permaneciendo desde entonces ligado a la corona, primero a la de Castilla y luego, desde Carlos I, a la de España… Con la de tonterías que uno escucha en el “alderdi eguna”, cuando los del PNV, en medio de las praderas, dicen sandeces y exigen la luna. Las hipérboles que hay que hacer para satisfacer lo políticamente correcto, fiscalizado y controlado a su antojo por las feministas dogmáticas institucionales, que además pretenden un nuevo lenguaje confeccionado a su antojo que destroza el existente. Como quieran que yo me opongo sin aspavientos y sin solemnidades, porque la situación no es merecedora de nada, vuelvo a la producción de mis palabras como siempre, como Dios manda. Por eso y así continuo, un lugareño que se precie en la ría del Nervión no tiene casa, tienen un casoplón, choco incluido. Vamos, como Celaá, pedazo de casa y choco a la plancha. Lo que ocurre, es que eso es políticamente exteriorizable para la gente liberal, de derechas y conservadores y no para los de la siniestra o izquierda, muy solidarios con el dinero ajeno.

Pero Celaá no ha hecho nada malo por tenerla. Le alabo el gusto. El problema es su omisión en la declaración de bienes como miembro del gobierno. Ésta exigencia viene de la época del inefable ZP por Ley 5/2006, posteriormente reformada en 2013. Esa casa es un bien ganancial y en consecuencia debió registrarse como tal. Y no lo hizo y la consecuencia según los propios socialistas en boca de Rodríguez Zapatero debe ser irse a su casa a disfrutarla por haber mentido. Duque no mintió en la aportación de información al Registro. Pero utilizó una forma de gestión y atribución patrimonial denostado por el propio Sánchez, cuando dijo que quienes utilicen sociedades patrimoniales para ahorrase impuestos, deben irse a sus casas a disfrutarlas, en la tierra o en la luna. El lugar es lo de menos. Lo demás son las auto exigencias ético morales que algunos se imponen. También mintió el astronauta que no es de este mundo y además como le ocurre a Celaá, con problemas de transmisión del lenguaje. No gestionó siendo su administrador conforme exige la norma tributaria, la sociedad propietaria de las viviendas durante al menos tres ejercicios.

España no se merece un gobierno que mienta (Rubalcaba). El que ahora tenemos lo es y compulsivo. Además, la de Cabra pretende ahora amordazarnos. Vamos, si fuéramos cabras nos dejaría sin comer alfalfa porque se ha propuesto cerrarnos la boca. Entre esto y las feministas dogmáticas institucionales que deciden lo políticamente correcto y en consecuencia digno de ser transmitido como información asumible por el “populacho”, terminaremos por no pensar, porque por y para ellas se ha creado la Comisión de la verdad. Para verdad, la suya, la de la ministra de justicia. Cuantas verdades impresas en soportes telemáticos. Dentro de poco apagón informativo y eso que Darío Villanueva, Presidente de la RAE advierte de una verdad indubitada: “La corrección política es una forma perversa de censura”. Que cada cual extraiga sus consecuencias.