OPINIÓN

La mente limpia

Ayer me dio por hacer zafarrancho de limpieza

CÁDIZActualizado:

Ayer me dio por hacer zafarrancho de limpieza. Tenía ganas de despejar esa leonera en que se había convertido mi mente carnavalesca y empezar a tirar tantos tiestos acumulados. Mi cabeza se había transformado en un laberinto de Creta donde ni el propio Ícaro sería capaz de salir volando porque no podría encontrar la cera para hacerse sus alas, era un desastre. Entré en ella con decisión y en los primeros movimientos de mi escoba quedaron al descubierto cientos de instantes amargos y situaciones ásperas vividas, muchos recuerdos que no fui capaz de descartar en su momento y que aún seguían desparramados por el suelo.

Cada vez que intentaba pasar por sus habitáculos tropezaba sin querer con algún recuerdo negativo que nublaba toda esa parte de mis sentimientos. Recuerdos con pérdidas de amigos, de fracasos artísticos y personales, de desengaños, de tiempo perdido, del robado a los míos, de historias inacabadas, de aprovechados, de extorsionadores de la fiesta, de personas tóxicas, del derrotismo, del mal gusto, de provocaciones, de malas palabras y gestos dañinos, de políticos arrimados, de traiciones, de ajustes de cuentas, de sinsabores en las críticas, de faltas de reconocimiento, de insomnios producidos por la responsabilidad y de tantos padecimientos pegajosos originados por mantener viva una afición. A medida que más cosas arrojaba a la basura y más limpiaba el suelo pude hacerme paso hacía lo recóndito de mi mente. Por fin se iban dejando al descubierto algún que otro bonito recuerdo. Cuanto más limpiaba mejor me sentía. Era agotador pero muy reconfortante. Empecé a fregar con más ahínco cada habitación mental incluso iba apartando todo tipo de muebles viejos que impedían ver lo que había detrás. Comenzaron a aparecer por allí escondidos muchos maravillosos momentos. Los buenos amigos, mi primera final, los premios, el sonido de la música del tango, la sonrisa de mi preciosa mujer, las letras que triunfaron, los aficionados prendidos, sus risas y lágrimas de emoción, los colaboradores, los coristas comprometidos, el aplauso de un teatro en pie, la legión de cientos de seguidores alrededor de la batea, la emoción de tu familia, mi hija Inés tocando en la orquesta, las felicitaciones sinceras, las historias de Amor ocasionadas a nuestro alrededor, los hijos nacidos en nuestro seno…

A la vez que iba dejando ese altillo más limpio que una patena iba también limpiando minuciosamente y con un paño empapado de positividad cada una de esas estanterías donde van ubicados nuestros recuerdos.

De nuevo fui colocando en ellas cada uno de esos momentos y logros extraordinarios de mi historia carnavalesca. Instantes y beneficios que estaban ocultos a la vista por tanta basura acumulada. Eran muchos y casi ocupaban todos los estantes. Los primeros premios, la expo, los viajes a Madrid, el antifaz de oro, las insignias que me impusieron tantas entidades, los abrazos, mis leales coristas, las palabras de aliento y agradecimiento, las gratificantes horas en casa componiendo y escribiendo… todos ellos los fui poniendo con mimo en cada sitio. Me propuse al acabar la limpieza mantener siempre todo en orden y escamondado para que no me volviera a ocurrir tal despropósito, dejando muchas casillas libres con la certeza de llenarlas en estos próximos años.

No iba a dejar que me ocurriera lo mismo y para ello he dejado a la entrada de mi mente una escoba y un rollo de bolsas grandes de basura para ir tirando esos recuerdos negativos antes que se hagan okupas de mi mente