OPINIÓN

Más que cartas, necesitan mapas

Podrán decir lo que quieran en sus epístolas abiertas y despechadas: la relación PSOE-Podemos en Cádiz no tiene sentido

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Resultaría conmovedor verles intercambiar cartas de ofrecimiento y despecho, de amistades perdidas y reproches cruzados. Lo sería de no ser porque resulta ridículo que dos dirigentes políticos –de los más representativos de la administración municipal por ser líderes del segundo y el tercer partido más votados– tienen ocasión de dialogar a diario, de negociar, pactar y trabajar sin necesidad de exhibir sus conversaciones por el balcón.

El hecho de airearlas, llenas de ripios y retórica política del siglo XIX, indica que se trata precisamente de lo que parece: exhibicionismo e interpretación de cara a esa galería que deberían poblar vecinos, ciudadanos y votantes que probablemente estén a otra cosa. Por más teatro que hagan, resulta imposible olvidar que unos y otros, los de José María González y los de Fran González, pactaron el actual estado de cosas en aquella reunión de la asociación de vecinos de Puntales de primavera de 2015.

Unos decidieron apoyarles para que gobernaran y los otros decidieron gobernar con esa condición: con muleta y peaje. Desde entonces, cada día de estos tres años largos que han transcurrido, parece que se despiertan y descubren lo que hicieron. De nuevo, cada mañana, como en una de esas películas de ciencia ficción en las que siempre se repite el mismo día o los protagonistas no pueden recordar más allá de las unas horas. Pero los espectadores sí recordamos que el primer responsable de la lista gaditana de Podemos se encerró varias horas con el portavoz socialista y salieron con un acuerdo de investidura que permitiría la toma de posesión del primero como alcalde.

Se supone que habían cerrado un pacto para tener una mínima base que permitiera a unos gobernar con la colaboración –al menos, sin el rechazo– de los otros. De lo contrario, el pacto carece de sentido. Cuando se acerca el final del mandato, resulta que ambas partes desconfían más de la otra que cuando comenzó. El PSOE apenas ha permitido la aprobación de unos presupuestos (sólo un presupuesto en cuatro años) que se atribuye y se arroga sin rubor en la publicidad que ya reparte por buzones y portales. Más allá, intercambia descalificaciones, críticas y cartas despechadas con el regidor y su equipo.

Nada tiene sentido. Nada contribuye al trabajo por la ciudad que se les encomendó. Si el alcalde merecía el apoyo del PSOE en aquella primavera de 2015, resulta incoherente la actitud socialista durante estos 40 meses. Si no lo merecía, los socialistas deben admitir que tomaron la decisión equivocada. Por Cádiz sí se Puede se ha limitado a hacer lo que está a la mano de la segunda fuerza más votada en mayoría minoritaria: nada.