Los lemmings

Son unos animalitos que se hicieron famosos a raíz del documental de Disney 'Infierno Blanco'

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Los lemmings son unos animalitos que se hicieron famosos a raíz del documental de Disney, ‘Infierno Blanco’, en el que se veía como estos simpáticos hamsters norteños se arrojaban a las aguas del Ártico en lo que parecía un suicidio en masa. Para unos se trataba de un suceso inducido por los autores del film, mientras que para otros era una autorregulación ante la superpoblación o, simplemente, una pérdida de la orientación en sus rutas migratorias. Pero, ya fuese por inducción, por autoconvencimiento, o por simple inconciencia, las pobres ratitas terminaban saltando por el acantilado. En cualquier caso parece que la supervivencia de los lemmings está asegurada por su enorme tasa de fertilidad. Más cercano, y alarmante, es el futuro de otra especie, la del homo europeus, en la que el hecho inevitable de la muerte, natural, inducida, voluntaria o accidental, en todo caso esperemos que lejana, se acompaña de una exigua tasa reproductora, de manera que si seguimos con los índices actuales terminaremos en una vitrina como ejemplo de especie extinguida. De hecho, las estimaciones de Eurostat para la UE señalan una pérdida de unos 100 millones de habitantes en los próximos 60 años con nuestro país en los primeros puestos del ranking de pérdidas. Dicen los expertos en estas cuestiones que, de continuar con nuestra actual tendencia demográfica, la población española, con una natalidad entre un 15 y 20% inferior a la del resto de Europa, se habrá reducido a la mitad para esas fechas. Y como, afortunadamente, nuestra esperanza de vida es cada vez mayor, podemos imaginar la edad media resultante de esa población.

En Cádiz, sin ir más lejos, el porcentaje de mayores de 65 años supera ya, con mucho, al de los menores de 20, y la tasa de natalidad continúa, año tras año, su progresión descendente. Podemos contar, claro está, con la población inmigrante; pero resulta que, al parecer, la adaptación a nuestras costumbres de natalidad es también cuestión de tiempo, de manera que, según los más alarmistas, la mitad de los que hoy cuentan con menos de 50 años no podrán disfrutar en el futuro de ningún nieto. Por un lado, una responsabilidad menos para ellos; por otro lado, un reto para los nietos del otro 50%. Si ahora las mareas de pensionistas ya dan motivos para reflexionar, imaginemos lo que puede ser, dentro de 50 años, un tsunami de mayores exigiendo pensiones dignas, por no hablar de la sostenibilidad de los servicios esenciales.

El abordaje al problema puede y debe hacerse desde la lógica de una triple vía, con mecanismos para favorecer el aumento de la natalidad, adaptando nuestros modelos socioeconómicos al envejecimiento de nuestra población y con una gestión responsable de la inmigración. No quiero ni pensar que, por el contrario, se pueda plantear aquí lo que dijo el ministro japonés Taro Aso: «Debería permitirse a los ancianos que se den prisa y mueran para aliviar el gasto soportado por el Estado». Puestos a pensar mal, veremos como termina, en unos años, lo de la eutanasia que se ha admitido a trámite en el Congreso, a instancia del Parlament de Cataluña con el apoyo de PSOE y Podemos, la abstención de Ciudadanos y el voto en contra del PP. Ya se me está poniendo cara de lemming asustado.