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La hora de trabajar juntos

Ante una crisis de inmigración nunca conocida, las disputas entre administraciones o los desaires entre representantes públicos resultan una ofensa

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La colaboración institucional es urgente. Se trata de una emergencia humanitaria. El hecho de que sea conocida y gradual no resta complejidad a la situación actual. Nunca habían llegado más inmigrantes a las orillas de la costa gaditana en menos tiempo, de forma tan constante. Ante esta situación, no cabe más que pedir a los dirigentes políticos que estén a la altura de la circunstancias. Ni puertos multando a ayuntamientos, ni ministros que visitan sin avisar, ni ayuntamientos que exigen más formalidades de la cuenta. Ahora, todo eso está de más. Se trata de tener la cortesía esencial para poder trabajar juntos en lo único esencial: atender a los que llegan y trabajar en los lugares de origen para que las avalanchas se detengan porque tengan menos motivos para huir. Todo lo demás es un folklore que resulta ofensivo en el escenario actual.

Estamos hablando de la reaparición de los cuerpos ateridos, con hipotermia, agotados o sin vida de inmigrantes en aguas del Estrecho, niños, embarazadas, jóvenes que serían considerados niños en la egoísta Europa. Hace más de dos décadas que se da este trágico retrato casi diario pero nunca había tenido un tamaño tan grande. Esa tragedia, que parecía desplazada ahora a otros puntos del mapa, al Mediterráneo Central, ha vuelto a demostrar que nunca se fue de aquí. Un tercio de los que entran a Europa por las bravas lo hacen por la costa gaditana.

Después de unos años –2012, 2013 y 2014– en los que se habló de un incremento de hasta el 300% (con la célebre avalancha en Tarifa), los expertos, asociaciones y profesionales aún han acertado al anunciar que la vía del Estrecho va a vivir en 2018 el verano más complicado de su historia. Ya es decir. No queda más que salvar vidas y cualquier tipo de disputa política está de más, es incluso una ofensa a los ojos de los asombrados ciudadanos.

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