HoJA ROJA

Grandes señales

Se nos quemó Notre Dame, y digo ‘se’ porque, por momentos, parecía que todos nos habíamos criado en la catedral

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Si aún creyésemos en oráculos y en profetas estaríamos ya implorando piedad al cielo y sacrificando palomas y corderos por las esquinas. Si aún leyésemos el vuelo errático de las aves migratorias y estudiásemos las formas caprichosas de los posos del café, iríamos dando gritos por las calles, despojándonos de nuestras vestiduras y entregando todos nuestros bienes a los pobres, porque el mundo, definitivamente, está dando las últimas boqueadas –que es una palabra muy fea pero que todos sabemos interpretar perfectamente– y hay señales inequívocas de un inminente cambio de ciclo. No, no me he vuelto una sibila de repente ni me ha captado una secta apocalíptica, ni he visto el Ajenjo cerca de La Caleta. Simplemente abro a diario