OPINIÓN

Tío Fernando

Yo recuerdo haber buscado en la profundidad de sus ojos azules, como ese Mediterráneo que le vio nacer, las turbulencias de un marino de guerra perdido entre dos banderas

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Recuerdo con cariño a ese marino delgado y alto más parecido a un niño grande que al vicealmirante Fernando Corominas como se le conocía cuando no jugábamos en el jardín de mi casa gaditana con los soldaditos de goma. Hermano chico de mi abuela guixolenca, gentilicio de los naturales de la Sant Feliu de Guíxols, localidad costera del Bajo Ampurdán, en la Cataluña profunda solar de esa rama de mi familia con treinta y dos apellidos catalanes, circunstancia realmente escasa ya que el territorio acogió una fuerte inmigración procedente de Francia en el siglo XVIII a causa de una hambruna que por entonces padeció el país vecino. Pensar ahora en él despierta una cierta perplejidad entre personaje tan bondadoso y

Julio Malo de MolinaJulio Malo de Molina