OPINIÓN

Estado fiscal y del bienestar

La masa crítica de contribuyentes demanda más y mejores servicios, pero se oponen a su financiación soportando mayor carga fiscal

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La insuficiencia de recursos fiscales para las innumerables funciones que los ciudadanos exigimos del Estado es un hecho palpable. Máxime cuando los políticos venden sus ‘productos’, haciendo caso omiso a cuestiones elementales de las funciones de oferta y demanda, provocando desequilibrios actuales e insolidaridades con las generaciones futuras. Son las consecuencias del déficit y la deuda pública.

España una vez más lidera los primeros puestos en un ranking de los que sólo podemos sentirnos avergonzados y abochornados. La situación hoy existente se origina en plena burbuja y un presidente manirroto proyectó el engendro que hoy padecemos. ZP, ha sido el artífice del desaguisado. El insigne e inefable asesor de la narcodictadura venezolana. No contento con ello, pretendió la creación de un Estado confederal para confortabilidad del PSC, siendo el germen de la Declaración de Granada suscrita por un PSOE sin rumbo y sin razón en 2013. Construyó un Estado carente de cimentación. Ni en lo económico-fiscal, ni en lo territorial, se sostiene su diseño. Sin duda pecó de adanismo, ya que ni consideró el marco legal de la UE, ni los progresos en materia económica y fiscal hecho hasta entonces. En fin, un iluminado, que decía siendo Presidente del Gobierno, que el concepto de Nación es discutible.

Hoy tenemos otro Adán dirigiendo el gobierno. Y no lo califico así porque sea partícipe de la herejía cristiana del siglo II, que se caracterizaba porque sus adeptos iban desnudos para emular la inocencia primigenia de Adán. Con seguridad es acreedor de su calificación por razones parecidas a las de su antecesor socialista-progresista y de gran corazón nítidamente ubicado en la izquierda, solidario con el dinero de los demás. Más aún, heredero por afinidad de las saunas Adam. Es posible que su cerebro haya quedado irremediablemente derretido con tanto calor húmedo.

En ese estado es difícil pensar y actuar con raciocinio. Es lo malo de contar con tan sólo 84 escaños. Aun así, manifiesta que uno de sus principales objetivos es reconstruir el Estado del bienestar. Concepto ambiguo donde los haya. Entran en él, el sistema de salud, el de pensiones… Parques de atracciones para satisfacción de los más pequeños, ventas en las carreteras con lucecita roja, donde el alcalde del PSOE de Valverde del camino llegó a pagar con cargo al ayuntamiento la factura de una noche loca por importe de 3.700 € y saunas para deleite de algunos, como un concejal del PP en Palma, que sin cortarse un pelo pagaba sus caprichos con la tarjeta de crédito adscrita a la Casa Consistorial. Como ven, todo esto es también bienestar corporal genéricamente considerado. El problema es su financiación.

Lo lógico en la situación actual, sería sanear de manera drástica las cuentas públicas. La desaparición inmediata del déficit, es más que posible en época de crecimiento económico, donde los instrumentos generadores del mismo no cumplen función alguna, como son la de los estabilizadores automáticos. Ello permitiría reducir la deuda pública, ya que su mera existencia es un ejercicio de insolidaridad intergeneracional, amén de muchos problemas adicionales cuya mera existencia engendra. Ya lo advirtió Schumpeter en su obra ‘La crisis del estado fiscal’.

La creciente dificultad para financiar los gastos que una buena parte de la sociedad demanda porque ha sido habituado a ello, es tarea compleja sin duda. La gente que no es tonta quiere recibir servicios públicos de calidad, pero al unísono niegan mayor involucramiento en la financiación de los mismos, asumiendo un mayor nivel de presión fiscal. Curiosamente la amenaza que se cierne sobre todos nosotros ahora, cuando el intrépido y astuto Sánchez, cual lince de los de Doñana, hace público su imposible programa de gobierno sobre el bienestar, porque lo quiera o no, la cuestión va encaminada a peores servicios públicos y mayor presión fiscal. Lo cual es una amenaza a todo occidente. Solo que muchos otros países comenzaron las reformas hace tiempo. Así, el socialista Schröder no hizo reformas puntuales, sino que transformó el país. Desde el sistema público de pensiones, al modelo sostenible de contratación laboral.

El Canciller fue tildado de traidor a la causa socialista. No, no fue un traidor, fue un estadista pragmático y realista conocedor de la muerte anunciada de la socialdemocracia, que la Globalización e internacionalización de la economía se habían limitado a certificar su defunción. La masa crítica de contribuyentes demanda más y mejores servicios, pero se oponen a su financiación soportando mayor carga fiscal, entienden que debieran ser otros los que se hagan cargo de ello. Algo así como la moraleja de Juan Palomo, «tú me los pelas y yo me los como». Y de ahí el demagógico recurso de que paguen los ricos. Quizás por eso Adán, que presumo era una máquina de ganar dinero, ya no es lo que era, porque su último «servicio» fue hacer caja y engrosar el patrimonio de su propietario.

Ahora sus herederos y los relacionados por afinidad, supongo engrosan ese concepto detestado por muchos. ¿Quién sabe de dónde provino el gasoil y demás gastos de la campaña del ahora Presidente? ¿Y el de ese relajante veraneo en la cuna del capitalismo, cuando se perdió en los Ángeles durante un mes? El hombre y sus contradicciones. Las mismas en las que incurre con su «tesis». Que se lo pregunten si no a Miguel Sebastián.