Andrés García Latorre - OPINIÓN

El escándalo del bombero

El pecado de la izquierda es caer en un infantilismo que censura bomberos o que alimenta gatos

Andrés García Latorre
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Zaragoza es conocida por tres cosas. Por el sitio de la ciudad (que encumbró como héroe al necio de Palafox, pero eso daría para otro artículo si tuviera más espacio), por la Virgen del Pilar (en donde lo que se adora, en rigor, no es a la Madre del Señor, sino la peana en la que se apoya, pero eso daría para otro artículo si tuviera buenos abogados) y por un gobierno del cambio que, los mismos en el Ebro que en La Caleta, no ha cambiado nada. Los revolucionarios señores morados nos recuerdan, con la decisión que tomaron sobre el calendario de los bomberos, a los catecúmenos señorones azules del Movimiento más inmovilista de la historia de España (que daría para otro artículo si no hubiera Twitter).

Le supongo, amigo lector, enterado del asunto. Los bomberos de Zaragoza posan para una sesión de fotos (una más de las que se hacen estos profesionales de la manguera y la espuma) con la idea de publicar un calendario con el que recoger fondos para una ONG.

El Ayuntamiento de la ciudad, gobernado por Podemos, lo veta porque la apolínea imagen de los bomberos no refleja la diversidad de cuerpos. En lugar de contemplar notables bíceps, sobresalientes abdominales y robustos hombros, los munícipes zaragozanos apostaban por una imagen más cercana a la realidad. Ya saben, barriga cervecera, quizá la cicatriz malcurada de una apendicitis y un torso peludo y grasiento que hiciera las delicias de cualquier panda adulto. Los bomberos tendrán que buscar otras fotos en las que no sean Héctor y Aquiles, sino Mortadelo y Filemón. Los de siempre, nada nuevo, deciden qué es bello, qué es bueno y qué debemos pensar.

José Mújica (ese político a quien veneran las izquierdas y al que toleraran las mismas derechas que lo volverían a encerrar) escribió que lo reaccionario es la patología de los conservadores y que el infantilismo, la de los progresistas. No puedo estar más de acuerdo. Aquí en Cádiz sufrimos algunos destellos de esa pueril ilusión de que la política es un recreo de decisiones.

El carné de alimentador gatuno o el juego de corbetas sí, corbetas no, ayudas a las cofradías sí, ayudas a las cofradías no, son muestra de estar en una inopia política y bienpensante a la que asusta que se compre un calendario porque tiren más dos bomberos que diez Monederos. Una cosa sí hay que reconocerles: si bomberas o policías copiaran la iniciativa calendárica también correrían, como beatas asustadizas de aldea, a tratar de tapar una publicación cuya opinión merece un artículo que escribiría si tuviera algo más de valor.

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