Ernesto Pérez Vera - Tribuna

El valor de la coherencia

Considero que hay que tener muy poco talento y ser muy pero que muy cortito de miras para pensar y esputar las antedichas aberraciones

Ernesto Pérez Vera
CádizActualizado:

Semanas atrás, en cierta red social en la que soy activo usuario, fui testigo mudo de hasta dónde puede llegar la profunda insensatez de algunos portadores de bóvedas craneales, que presumo huecas. Resulta que los propietarios de tales presuntas mentes estaban pidiendo, a grito de teclado, la crucifixión de tres agentes de la Policía Nacional que prestan o prestaban servicio en el Puesto de Policía y Control de la Frontera de Gibraltar, en La Línea de la Concepción. Algunos, por desgracia, ya estamos acostumbrados a que se pidan con ligereza las cabezas de las personas de la raza de “las tres pes”: de las de placa, porra y pistola. Pero en este caso se exigía algo más, un plus, un extra: el fusilamiento disciplinario y mediático de los interfectos. El origen de la demanda es, para mí, lo más preocupante de toda esta sinrazón: aparecer fotografiados de uniforme, sosteniendo una bandera de Gibraltar. Por este hecho, que a todas luces se trataba de un fotomontaje, porque la misma imagen lleva años circulando por internet con una bandera de España y con otras tantas, les han llamado corruptos, traidores, analfabetos, pagas muertas y mil cosas más, todas ellas soezmente ofensivas.

Considero que hay que tener muy poco talento y ser muy pero que muy cortito de miras para pensar y esputar las antedichas aberraciones. En primer lugar, porque la bandera colocada mediante photoshop en las manos de los funcionarios, jamás tocó sus treinta dedos; y en segundo lugar porque aunque así hubiese sido, ¡¿qué pasa?! ¿Acaso se es catalalista-independentista y antiespañol por aplaudir los goles del Fútbol Club Barcelona? Yo, que soy culé y linense, aseguro que no. Por poner una pizca de distención en tan áspero y siempre controvertido asunto: ¿somos rusos soviéticos quienes adoramos el sabor de la deliciosa y simpar ensaladilla rusa del bar Rebolo de Algeciras? Doy fe de que no. ¡Ah! Por cierto, en Rusia no saben qué demonios es la ensaladilla rusa.

La verdad es que estos insanos pensamientos e intolerables manifestaciones se acentúan, más por ahí arriba que por aquí abajo, ante todo lo británico. Pero a veces ocurre únicamente por aburrimiento, desconocimiento o por pura hipocresía camuflada en eslóganes ya absurdos. Muchas veces, tal vez la mayoría, por una explosiva mezcla de todo ello. “Gibralfobia” podría ser el diagnóstico médico, aun cuando a veces pudieran existir motivos reales para padecerla. Pero atención: estupefacción, incredulidad e incluso alegría me llevé al comprobar que varios de los que estaban despotricando contra los tres funcionarios eran trabajadores españoles en el peñón. O sea, ¡viva España, fuera yanitos, pero págame con libras y peniques! Cuidado, que esta doble moral no tiene curvas ni recovecos, razón por la que estos mismos individuos tienen allí trabajando, desde tiempos inmemoriales, a gran parte de sus propias familias.

Como por fortuna tengo buena memoria para las filiaciones, y además soy muy buen fisonomista, con estupor descubrí que algunos de estos polémicos ciudadanos fueron en su día denunciados por mí, cuando todavía ejercía en la Policía, por la comisión de infracciones administrativas de contrabando de tabaco, de procedencia gibraltareña. Qué curioso, uno de los gritos de guerra aludidos en aquellos ataques cibernéticos, que dicho sea de paso resucitan cada cierto lapso, hacía referencia al contrabando, atribuyéndole a dicha ilícita actividad parte de la responsabilidad de la crisis económica de la que por fin España está saliendo. Ergo, algunos son muy españoles y antiyanitos, pero chupan arropías, cobran en libras, engullen Cadbury, cucharean “cuécaro” y fuman de lo que sale de la roca. Esta partida la va perdiendo la coherencia, por goleada de la hipocresía que, según todo indica, juega en casa

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