OPINIÓN

La droga que nunca se fue

El dinero fácil del hachís y el drama de los opiáceos reaparece cada poco tiempo para recordarnos que los problemas que no atendemos siempre crecen y vuelven

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Los seres humanos suelen tener dificultades para la constancia. Es infrecuente disfrutar o emocionarse durante mucho tiempo con un mismo hecho. Tanto como temer durante demasiado tiempo al viejo enemigo. En esta provincia, nos ha pasado con la droga. Tanto en su variante de narcotráfico de hachís (aparentemente menos agresivo pero socialmente dañino) como con el caso de la heroína y otros opiáceos, tendemos a pensar cada cierto tiempo que lo peor ya ha pasado, que ya no hay tantos problemas. Sin embargo, la tozuda realidad nos demuestra que los destrozos nunca desaparecen si no se atienden, si no se combaten. Pueden parecer dormidos pero siguen ahí, creciendo, afianzándose.

El repunte del narcotráfico durante este año ha dejado claro que la vieja lacra de los 80 no había desaparecido. Ni en el caso del trapicheo con el que cientos de personas tratan de ganarse unos billetes, mientras se la juegan, ni en el caso de las terribles adicciones a las denominadas ‘drogas duras’.

Como ejemplo, está el ‘caballo’ que se creía alejado para siempre y reaparece. La heroína o la cocaína han vuelto a la sociedad gaditana y lo han hecho como siempre, de la manera miserable y cobarde que ya se conocía:cebándose con los jóvenes y con quienes están en riesgo de exclusión social. El ejemplo –tan magníficamente retratado por Nacho Carretero y una gran serie de televisión– de ‘Fariña’ nos permitiría escarmentar en cabeza ajena pero eso nos cuesta mucho, por desgracia.

Las plataformas de afectados, familias y vecinos han lanzado ya la voz de alarma. Los centros de desintoxicación han advertido de que se están volviendo a encontrar consumidores del maldito polvo blanco y las fuerzas del orden cada vez se incautan de más alijos de todo tipo. La situación no es alarmante pero sí significativa: la sociedad se olvidó del drama de la heroína y ahora ha vuelto, combinado con el dinero fácil del hachís. Todos somos responsables por el aumento en la tolerancia en cuanto al consumo de drogas y, sobre todo, de volver a tropezar con la misma piedra.