Dolor crónico

Las detenciones de yihadistas y los aniversarios del horror reviven una lucha que nunca acaba

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Son días de recuerdo. Aunque, por desgracia, el calendario anual tiene demasiadas fechas para revivir el dolor de la barbarie terrorista dirigida contra inocentes de forma indiscriminada. Ahora toca revivir de cerca el primer aniversario del terror de Las Ramblas y Barcelona, pero luego llegará la fecha en la que recordaremos la masacre de París, que conmocionaba al mundo, o las de Londres, o la de Madrid, o las vividas en Alemania. Siempre habrá, además, un 11 de septiembre en el que volver a revivir aquel día de 2001 que cambió el mundo para siempre.

La crueldad con la que actuaron los terroristas en todas esas ciudades, en todas esas ocasiones, activó ya para siempre todas las alertas de seguridad frente a los fanáticos más violentos. Y es justamente eso lo que hay que tener claro. Los que actúan así son los violentos, los que utilizan el nombre de Alá para llenar el mundo de sangre. Siempre debemos estar alerta. La detención ayer en Vitoria de un vecino de Algeciras muy activo en la captación de posibles terroristas a los dos lados del Estrecho de Gibraltar es una prueba de que la batalla nunca cesa. Ni cuando la vemos ni cuando transcurre de forma invisible.

En días como hoy, con el recuerdo de los ataques en Cataluña o con las detenciones de asesinos frustrados, la comunidad musulmana pide que se le desvincule de estos terroristas con los que dice no compartir nada. Ni siquiera el mismo dios ya que para los musulmanes de bien, ningún texto sagrado respalda, pide ni permite estas acciones. Los islámicos que viven en la provincia luchan con su vida cotidiana por estar tranquilos. Dicen sentir un gran dolor cada vez que se produce una situación como la que recordamos ahora. Por eso es importante no confundir, no generalizar. Unos son criminales, los otros no. Unos matan. Los otros rezan y quieren vivir en paz. Es importante saber diferenciar estos conceptos para no caer en ningún atisbo de racismo o fobia hacia un colectivo que nada tiene que ver con las armas.

Sólo el integrismo, el radicalismo, puede engendrar tal tipo de odio. Es importante actuar contra esas actitudes pero sin dañar otras que creen en la convivencia y el respeto de todos los pueblos. Otro camino será equivocado porque su fin siempre nos volverá a llevar al principio.