Un discurso de unidad

Desde hace un tiempo mi confianza está depositada en Soraya

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He de decir que, al principio de las primarias del Partido Popular, tuve dos candidatos que llamaron mi atención. Por un lado, estaba Soraya Sáenz de Santamaría, mujer curtida por las batallas que había tenido que lidiar ocupando el cargo de vicepresidenta y, por otro lado, Pablo Casado, la visión joven del partido, la savia fresca que necesita esta formación después de tantos escándalos como los que hemos pasado. Sin embargo, con el paso del tiempo y de las declaraciones he de reconocer que he despejado todas mis dudas y ya solo tengo un nombre para liderar nuestro partido hacia la victoria en las nuevas generales y así sacar de la Moncloa a quien, basándose en las mentiras y engaños, se ha atrincherado en ella sin cumplir su promesa de convocar elecciones.

Desde hace un tiempo mi confianza está depositada en Soraya. El discurso positivo de esta mujer me ha ganado frente a la confrontación interna que en muchas ocasiones ha planteado Casado. He de reconocer que me dio cierto ‘repelú’ cuando escuché a este último pedir respeto para los que le han apoyado en caso de no salir él, como dando a entender que, si no ganaba, sus seguidores serian excluidos o marginados dentro del Partido Popular. Este planteamiento, a mi entender, sin que haya sucedido nada, me dio a pensar que quizás eso es lo que ocurriría si fueran él y los suyos los que consiguieran ser los elegidos por la militancia. Por otro lado, me hizo ver que, frente al discurso de unidad de Soraya, por parte de Pablo se estaba traspasando una línea muy peligrosa, se pasaba de la pugna por presidir el partido a un intento de pelea interna por parte de éste ante el país.

Sinceramente, no entiendo que sea el momento ni la ocasión de utilizar, por parte de un candidato, el altavoz que se le ofrece con estas primarias para arremeter contra todo lo que huela a Soraya Sáenz de Santamaría. No creo que lo que necesitemos los afiliados y simpatizantes del Partido Popular, ni los ciudadanos en general, sea que estas primarias, que deben ser un orgullo para los que somos de este partido, se conviertan por parte de uno de los candidatos en un intento de división interna que nos conlleve, esperemos que no, a una fractura del partido. Esto último sería aplaudido por otras formaciones que lo que esperan es que de estas primarias el Partido Popular no salga reforzado y, quizás, el comportamiento de Pablo vaya, sin quererlo y sin darse cuenta, encaminado a ese fin.

Es por ello, que me quedo con el discurso positivo, con la idea de unidad de partido y con el deseo de organizar dentro del Partido Popular un frente común para trabajar contra los que quieren dividir a España en parcelas, contra los que se quieren apalancar en los sillones de la Moncloa sin oír a la mayoría que pide elecciones generales y sin dar una sola explicación en más de cuarenta días frente a los micrófonos en nuestro país. Me convencen más las ganas de trabajar de Soraya desde la unidad de nuestra formación que el deseo de otros de eliminar todo lo que no se ajuste a su ideario político.

Esta es mi opinión y entiendo que habrá otros militantes, a los cuales respeto, que piensen de forma distinta, pero creo que ahora mismo necesitamos un partido fuerte y unido frente a la izquierda apoltronada.