OPINIÓN

Defecando que es gerundio

Le concede una medalla a la Patrona de la ciudad, pero que luego comparte el pensamiento de «cagarse en dios»

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Por lo visto, Teresa Rodríguez ha pasado una crisis de incontinencia intestinal y ha llenado el Twitter de defecaciones sobre algún dios, que entiendo que debe de ser el de los católicos, porque sobre el de otras religiones se estriñe y no hay valor para hacerlo. Y todo ello, porque al ‘insigne’ actor Guillermo Toledo, otrora ‘el niño melón’, lo han detenido por no acudir por dos veces a declarar ante el juez por haber proferido unas consignas que pueden ser calificadas, o no, como un presunto delito de vejación de los sentimientos religiosos.

Lo que ocurre es que estos defensores de las libertades, pero con la piel delicadamente fina, a los que se les llena la boca con la defensa de los derechos recogidos en la Constitución española, obvian, por un lado, el Derecho Fundamental de los españoles a no ser discriminados, ni insultados, por tener su propia creencia y, por otro lado, una de las consignas que enseñan en primero de carrera de Derecho, «tu libertad termina donde empieza la mía». Es decir, defeca en tu esfera de libertad pero que no «salpique» la mía. Es fácil de entender pero, a veces, la diarrea se extiende por el cuerpo de estas personas y del intestino se trasladan al cerebro y, por desgracia, contra eso no hay Fortasec que valga…

Dicho esto, por lo visto a su pareja y actual alcalde de nuestra ciudad, José María González, le tuvo que hacer gracia o, simplemente, opina igual y retuiteó dicho comentario en la red social antes mencionada, defecándose en dios.

Entiendo que cada uno puede pensar lo que estime oportuno ya que, de momento, estamos en un país libre y no en una de esas repúblicas bananeras que tanto les gusta a los dirigentes y simpatizantes de la formación morada en la que te imponen el pensamiento, entre otras cosas. Pero me resulta chocante que dicha expresión pública la comparta el primer edil de la ciudad de Cádiz.

Ese que se sienta a la mesa de musulmanes en el Ramadán, el que les felicita esa misma fiesta a esa comunidad –no esperen ver un mensaje felicitando ninguna a los católicos porque creo que eso le da urticaria–, el que, desde que es alcalde, acompaña a Jesús Nazareno por las calles de Cádiz en la ‘madrugá’ aunque esté con varicela, el que visita a las Hermandades antes de salir en Semana Santa o el que le concede una medalla a la Patrona de la ciudad, pero que luego comparte el pensamiento de «cagarse en dios».

De puertas para adentro puede pensar lo que quiera pero debe de ser consciente que, le guste o no, es el representante de todos los ciudadanos de Cádiz, sean ateos, agnósticos o creyentes. Poco o ningún favor le hace al alcalde el meterse en fangales de este tipo por defender a un energúmeno de su falta de colaboración con la Justicia. Y en el que, además, no debe de inmiscuirse al ser una acción del Poder Judicial. Ese que está al margen de controles de políticos gracias a la separación de poderes con la que se les llena la boca a estos dirigentes cuando les interesa. Todo ello para, en menos de 24 horas, tener que ‘recular’ y deshacer lo compartido a raíz de la presión realizada por sacerdotes y cofrades de la ciudad.

Al final, «todos son ateos hasta que el avión empieza a caer», como dijera Facundo Cabral, y se defecan encima, añado yo.