OPINIÓN

Cuestión de tiempo

La actualidad nos permite viajar a un pasado de Valle de los Caídos o a un futuro en que el hotel del Carranza ya se ha vendido

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Ahora que me ha sacado usted el tema, le diré que una de las cosas que más me sorprenden (los 'millenials' dirían ‘me vuela la cabeza’ pero ante posibles resacas veraniegas prefiero pecar de prudente con las palabras) es que en el cielo sólo vemos el pasado. Ya sabe, miramos una estrella y lo que vemos es cómo era cuando la luz salió de ella hace quizá millones de años. Incluso el sol, que parece cálido y sincero como una madre, nos muestra la imagen de hace ocho minutos. Siempre me ha inquietado (ahora que ya hemos cogido confianza se lo puedo confesar) que Lorenzo ya se haya apagado y que la luz y el calor que recibimos no sea más que, como el sueldo de Bárcenas, como el último tramo de liga de Cervera o como las promesas del Cádiz del cambio, una prestación en diferido.

El periódico, ahí donde lo ve, también es un pequeño mapa del tiempo. Usted observa (como ya somos casi amigos se lo voy a contar) cómo era el mundo en el momento en que lo escribimos y notará que muchas noticias, como la fotografía de ‘Regreso al futuro’, se van diluyendo aplastadas por la actualidad hasta desaparecer. Este atlas celeste de la actualidad puede incluir supernovas de sucesos, pequeños planetas de reivindicaciones vecinales o algún que otro cometa de promesa política que va dejando una estela hueca pero bien visible de hielo y buenas palabras.

Nos lo recordó Einstein (es la última ‘cuñadería’ que suelto, se lo prometo): el tiempo es relativo. Se deforma ante la gravedad, como sucede con el Valle de los Caídos, donde hemos viajado atrás 40 años, o ante un objeto con una masa gigantesca, como sucede con el Estadio Carranza, donde vivimos en un futuro en el que ya se ha vendido el hotel y cuadramos las cuentas municipales. Nuestros líderes son los grandes trileros del tiempo, más cuando hay un agujero negro de elecciones tan próximo y quieren ganar cuatro años de comodidad futura haciéndonos pagar los plazos por adelantado. Es casi septiembre, el sueño que iba sobre el tiempo ha despertado bruscamente su velero en un muelle-ciudad donde, cuando ya no queden herencias a las que culpar, o chiringuitos que judicializar, o cainismos que exprimir, volveremos a hablar del tiempo.