OPINIÓN

Clase magistral en Quebec

Dice el ínclito de la Moncloa que «desde la política se pueden encontrar soluciones a crisis secesionistas, aunque cada país tiene sus caminos

Fernando Sicre
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Las similitudes entre Trudeau y Sánchez se circunscriben exclusivamente a sus alturas. Se llevan dos centímetros. A partir de ahí las diferencias son irreconciliables, por mucho que le pese al español. Dicen todas las madres canadienses que el presidente de su gobierno es el yerno perfecto. Sí mi hija pretendiera lo mismo pero referido al «doctor cumfraude», directamente la desheredo. No sé si el canadiense ha sido lo suficiente explícito para que nuestro presidente lo entienda, pero creo conveniente hacer una reflexión al respecto. Lo intentaré para que él y la parroquia progresista lo entiendan y reconsideren que lo que hace aquel en España es un fraude en toda regla. Me refiero al tema del secesionismo catalán, pero puede ser aplicado a casi todo lo que toca semejante energúmeno, dedo índice empitonando el cielo

Quebec ha sido presentado por Sánchez como ejemplo de solución política para Cataluña. Dice el ínclito de la Moncloa que «desde la política se pueden encontrar soluciones a crisis secesionistas, aunque cada país tiene sus caminos». Sólo un detalle, Trudeau recordó a Sánchez a colación con ello, que España solucionará ese problema respetando la Constitución. De ahí que la solución pasa por el cumplimiento de la Ley, como expresión de la soberanía popular. Por ello, la solución al día de hoy por paradójica que parezca es estrictamente judicial. Sí, judicial. En Canadá su Tribunal Supremo manifestó que la solución a Quebec exige el estricto cumplimiento del derecho canadiense reflejado en la Constitución. Por lo tanto, la solución política necesariamente debe ser constitucional. O sea, dentro de la Ley. Asumiendo el marco que delimita para la convivencia el Derecho. ¿Y que dice la Carta Magna española en su artículo 2?: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles». Es decir, el sujeto político detentador de la soberanía es el pueblo español. Curiosamente en Canadá no está prohibida la secesión en la Constitución, como tampoco proclama la unidad de la Nación. Y ello es debido a la situación histórica política previa a la creación de Canadá como nación. Corrían los finales años del siglo XVIII cuando se crea la Confederación Canadiense, o Confederación de Canadá. Fue el proceso a través del cual el dominio federal de Canadá se fue formando desde el 1 de julio de 1867 a partir de las provincias, colonias y territorios de la Norteamérica británica. Su establecimiento se debe a las recomendaciones realizadas por el primer conde de Durham en el «Informe sobre los intereses británicos en Norteamérica», producido luego de las Rebeliones de 1837. Así pues, la llamada «Provincia de Canadá» cesó su existencia con la formación de la Confederación Canadiense el 1 de julio de 1867, cuando fue subdividida en las provincias actuales canadienses de Ontario y Quebec. Volviendo al caso catalán las diferencias son insalvables. Ese sujeto histórico jurídico, ni existió, ni existe. Desde 1978 Cataluña por mor de la CE, es sujeto de derecho, que no sujeto soberano, termino atribuido exclusivamente al pueblo español, encarnado en la Nación española.

Ya que estamos al otro lado del Atlántico, unas pinceladas al caso de EE.UU. Desde 1830 en todos los colegios norteamericanos se lee a diario un extracto del discurso pronunciado por Webster, que sintetiza la doctrina sobre la unidad del país: «una sola nación indivisible, bajo el mandato de Dios». En aquel entonces algunos Estados recelaban de su estatus jurídico político, reclamando una parte de la soberanía que correspondía a la nación norteamericana erigido en Estado federal por la Constitución. El problema que se había enquistado cuando corría el comienzo del siglo XIX, terminó con una cruenta guerra civil. Desde entonces se lee dicho manifiesto. En España, sabedores de guerras y conflictos, sobre todo cuando el Estado se debilita, sabemos que el problema del separatismo ha estado siempre presente, pero no somos capaces de aprender la gran lección de un discurso histórico. El Tribunal Supremo de EE. UU ha resulto desde época inmemorial que la unidad indisoluble de la soberanía nacional es un rasgo implícito en la Constitución USA.

Sr Presidente de todos los españoles, cumpla y exija cumplir la ley, aunque lo que le pido es casi un imposible para UD. Después, sea todo lo empático y dialogante que le salga del alma. Pero solo después.

Fernando SicreFernando SicreArticulista de OpiniónFernando Sicre