OPINIÓN

Un brasileño en París

Oscar Niemeyer fue quien proyectó la mejor arquitectura de la capital francesa

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La mejor arquitectura de París la proyectó un brasileño. Muchos críticos coinciden en este juicio: el soberbio conjunto proyectado por Oscar Niemeyer durante su exilio europeo puede ser considerado el hito arquitectónico más bello de la capital francesa; lo cual se entiende así por contener mayor coherencia constructiva, acertada implantación, y valiente modernidad. Aún funciona como sede muy activa del veterano Partido Comunista Francés; diseñada en 1965 se construye entre 1967 y 1971, en un barrio de clase media, al nordeste de la metrópolis, caracterizado por una trama reticular y espaciosa al modo del urbanismo de Haussmann. Ocupa un gran solar que el ingenioso arquitecto organiza de modo que la intervención deje «respirar» la ciudad, utilizando el terreno bajo rasante para así generar un espacio libre de uso publico. Se compone de tres elementos: la base de tres plantas enterradas para liberar un amplio jardín; una cúpula, inspirada en la plaza de los tres poderes de Brasilia, para alojar el auditorio, mediante semiesfera blanca que resplandece sobre la amable explanada, ornada con esculturas y frondoso arbolado. Y la torre ondulante de seis pisos, semejante al Edificio Copan de Sao Paulo, la cual descansa sobre cinco columnas que constituyen su único apoyo; el muro cortina de vidrio le proporciona una apariencia de elegante ligereza.

Visité la emocionante obra al poco de inaugurarse, pues se trata de una lección de arquitectura que todo profesional debe conocer. Aún no había viajado a Brasilia y me sorprendió esa arquitectura de formas telúricas para vivificar la rigidez del racionalismo moderno. Oscar Niemeyer Soares Filho nació en Rio de Janeiro en 1907, muy joven dirige el conjunto urbanístico de Pampulha en Belo Horizonte (1940), declarado hace poco Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En 1952 es seleccionado para construir la sede de Naciones Unidad en Nueva York, pero resulta vetado por la intolerancia de la América macartista. El presidente brasileño Juscelino Kubitschek le encarga proyectar la nueva capital del Estado Federativo que se inaugura en 1960; poco después un golpe militar acaba con la democracia en su país (1964) y Niemeyer resulta encarcelado por su filiación comunista. Luego se exila a París, donde fue muy bien acogido por André Malraux, ministro de Cultura del general De Gaulle.

No hace mucho regresé para disfrutar tan excelente arquitectura, que se conserva de forma espléndida. Al acceder al vestíbulo enterrado admiré de nuevo el retrato de Pablo Picasso, de la fotógrafa americana Lee Miller (1907-1977). Es lógico percibir menos bullicio en sus amplios espacios abiertos al público, pues cuando se construyó, el PCF era la formación hegemónica de la izquierda francesa con el 25% de los votos, muy por encima de los socialistas, ocupando responsabilidades de Estado, incluso varios ministerios en diversos gobiernos de amplia coalición. Oscar Niemeyer fue galardonado en 1988 con el Premio Pritzker, considerado el Nobel de arquitectura, y el 1 de enero de 2003 pudo regresar a la Brasilia que él había concebido, en medio de una marea de banderas rojas. El 30 de enero de 2007 celebró en París su centenario con una escultura de diez metros de altura en forma de mano abierta que eleva al cielo una flor de paz. El año anterior se había casado con una chica joven, pues en su longevidad siempre fue un muchacho rebelde; nunca dejó de trabajar hasta que se fue diez días antes de alcanzar la edad de 105 años, leal a su doble compromiso, social y profesional.