OPINIÓN

La Benemérita

El mes de agosto se presenta duro para los miembros de la Benemérit

Felicidad Rodríguez
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Las noticias de nuestra provincia que están ocupando todas las portadas nacionales durante las últimas semanas deberían hacernos reflexionar sobre lo afortunados que somos por tener unos cuerpos de seguridad como los que tenemos y, sobre todo, por la necesidad de cuidarlos y respetarlos en todos los sentidos. Mientras que millones de españoles ya pensamos en cerrar por vacaciones, el mes de agosto se presenta duro para los miembros de la Benemérita. Y bien que se están dedicando a su trabajo, en muchos casos con grave riesgo para su propia seguridad y no siempre con el apoyo que merecen. Buen ejemplo de ello, todos los guardias civiles heridos en Ceuta tras el asalto con bolas de heces, cal viva y lanzallamas caseros a los que el ministro, eso sí, ha felicitado por su «proporcionalidad» en el ejercicio de su actuación aunque, sinceramente, no acabo de comprender muy bien como se define eso de las proporciones. La provincia de Cádiz y sus alrededores, como cada año, se convierte durante los meses estivales en uno de los principales destinos turísticos del país y es bueno que así sea. Las larguísimas playas para tomar el sol, el viento para tomar olas, los festivales musicales, el patrimonio cultural y gastronómico, el entorno natural paradisiaco; hasta no sería nada extraño que, incluso, el Presidente del Gobierno llegue a Sanlúcar para disfrutar de su merecido descanso en el entorno de Doñana.

Pero hay otros que no van a poder coger vacaciones en este sur maravilloso durante los próximos meses; más bien van a tener que hacer horas extras y, aún así, se van a ver desbordados, si no lo están ya. El trabajo de las campañas del paso del Estrecho; el control de esos incendios, que alguno ya ha habido, al parecer intencionado, en el Campo de Gibraltar; la lucha contra el contrabando ilegal y el narcotráfico cuyos cabecillas van a intentar hacer su agosto aprovechando la grave situación con los inmigrantes y, de hecho, las noticias en prensa sobre los narcos ya han disminuido drásticamente. Y, por supuesto, la crisis migratoria, aunque no se si el término crisis, que induce a pensar en un suceso puntual, es realmente acertado, porque el problema va para largo. Es lógico que sea así porque la ruta del Estrecho se ha convertido, realmente, en el camino más seguro hacia Europa.

Son muchas miles las personas que aguardan en el vecino Marruecos para cruzar el Estrecho o para entrar en Ceuta y su número seguirá aumentando. Así que la llamada «situación excepcional y extraordinaria» me da que viene para quedarse. Y por mucho que diga el ministro que se trata de una coyuntura «controlada» y «sin colapso», lo cierto es que las imágenes y los datos que se van conociendo dicen todo lo contrario, lo que exige tomar medidas a corto, mediano y a largo plazo. Es cierto que se trata de un problema europeo; es cierto que tenemos que actuar todos en los países de origen, pero mientras eso no se haga y, al menos por ahora no se visualiza nada claro en ese sentido, tendremos que afrontar nosotros una situación que amenaza con escapársenos de las manos. No es una tarea fácil y sin duda incluye muchos frentes, pero entre ellos no es menor el apoyo que necesita, y no solo de manera puntual, nuestra Guardia Civil.

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