Batzar

El PSOE que aún conserva en su acrónimo la “E” de España, sólo dispone de ochenta y cuatro diputados

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Un bazar es un mercado. La palabra tiene su origen en el dialecto persa “pahlavi”, baha-char que significa lugar de los precios. La presencia de comerciantes es determinante en semejantes lugares de intercambio económico. Siempre pensé de manera equivocada que la política era el lugar de los políticos. Los mercaderes tienen el suyo propio. El parlamento español es lo más parecido a un zoco árabe. Sólo que sí las referencias comerciales las situamos en los bazares, podemos situarnos indistintamente entre la Persia de los Pehlevi, el Irán de la Hispanvisión del “coletas” o en el Gran Bazar que surgió en Constantinopla, hoy Estambul, cuyo espacio fue reconstruido en última ocasión tras el incendio de 1954. Allí se compra y se vende todo. El comercio consiste en la transacción de algo, a cambio de otra cosa de igual valor. Después de un arduo análisis de la palabra, llego a la conclusión de la semejanza etimológica y conceptual de la palabra vasca “batzar”. Una de las que hacen referencia al órgano ejecutivo o consejo nacional del Partido nacionalista vasco. Hablamos del “Euzkadi Buru Batzar”. Sabino Arana no sólo era racista, xenófobo y supremacista. Creo que alguna conexión con los Pehlevi tendría. Y entendió que para “darle por la baticola” a los españoles por los siglos de los siglos, nada mejor que equiparar comercio y política. Mercancías y todo lo que se refiera a política. Todo es objeto de transacción. Todo se compra y se vende. Tan es así que su mujer una vez enviudó, formalizó un nuevo contrato matrimonial con un guardia civil. Supongo que, en las negociaciones prematrimoniales, la pobre viuda solo le pidió al miembro del benemérito cuerpo que no tuviera entre los primeros cien apellidos, rastro alguno vasco. Dios la tendrá en su gloria. Su calvario lo tuvo en vida. Los españoles estamos experimentando un rosario de humillaciones. La última, el apoyo de noventa y cinco socios de gobierno que exigen abiertamente la destrucción de España. El PSOE que aún conserva en su acrónimo la “E” de España, sólo dispone de ochenta y cuatro diputados. El derecho a decidir, que no es más que el eufemismo del derecho a la autodeterminación, es lo que exigen podemos, ERC, PdeCAT, PNV, Compromis y Bildu. Sí, el PNV también. Aprobó los Presupuestos con el PP. Ahora, a la semana siguiente apoya una moción de censura para desalojar del gobierno al PP. Eso sí, exigiendo al PSOE que mantenga los Presupuestos. Los mismos al que el inefable Sánchez criticó por “considerarlo un ataque al Estado del bienestar, por conducir a un Estado social mínimo y Low cost…”. Pero, como en el Gran Bazar, en España todo se compra y se vende. Tan es así que España está en venta y la venderán en trocitos a los mejores postores. Dijo en el Congreso durante el debate de la “moción” el portavoz filo terrorista de Bildu que ellos no quieren gobernar España, “sólo operamos en política ante cada escenario pensando como debilitar y acabar con los consensos del régimen del 78 y auparnos con la libertad de Euskal Herría”. Pues bien, esto es parte de la mercancía objeto de la transacción comercial formalizada en el Congreso. Días antes el PP fue humillado por el PNV. Ahora el PSOE. Bueno lo del PSOE es de matrícula de honor. Lo que ocurre es que la humillación es al pueblo español. Los políticos españoles, muchos de ellos han perdido la vergüenza y no saben lo que es el honor.

Bazar, batzar. Qué más da. PNV es la traducción del Esukera del partido vasco de los simpatizantes del JEL, acrónimo en vasco de Dios y Ley vieja. El comercio es tan viejo como la vida. El trueque, el comercio material, el electrónico, el blockchain…y el ejercitado por los políticos vascos. El más refinado, capaz de comprarse y venderse al unísono. Han roto la máxima jurídica de que a lo imposible no se está obligado. En España nada es imposible porque todo es posible, hasta su desaparición como objeto político. En el “batzar” todo se compra y se vende. España no es más que el mismísimo “coño de la Bernarda”. País, diría Forges.