OPINIÓN

Avalistas

No es fácil atar los cabos sueltos porque están locos de atar

Actualizado:

Muchos de los que clamaban porque Rajoy se fuera son los mismos que ahora lamentan que se haya ido. Ha llegado el duradero momento en el que lo que más crece son los avalistas. Los hay para todos los gustos, pero lo que más deploran sus detractores es que lo haya hecho con elegancia, sin coche oficial, sin acta de diputado, sin paga y sin señalar a su sucesor. El petardo de Feijóo, que estaba diseñado para sacarnos del atolladero, nos ha metido más en él, y ahora el problema es quién avala a los avalistas. Los barones del PSOE se han revuelto contra Sánchez porque ha decidido retrasar la financiación económica. Todos nuestros gobernantes serían mejores si dispusieran de más dinero, pero tienen que conformarse con el que no tienen. También hay ríos que no están conformes con su curso y no tienen más remedio de seguirlo.

No es fácil atar los cabos sueltos porque están locos de atar. Mientras crecen los avalistas y aumenta el pulso entre Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal. No podemos decir eso de que lo que sea, sonará, porque ya ha sonado estrepitosamente y cualquier otra noticia pierde decibelios ante semejante estruendo. Incluso la caída del gran Vargas Llosa, que ha ingresado en una clínica por querer saltarse la edad sin calcular las distancias ni los calendarios. La mejor noticia es que el gasto familiar haya crecido al mayor ritmo desde la crisis. Mucha gente se compra coches nuevos o nuevas ilusiones. Seguir adelante, que hace muy poco tiempo era un propósito, se ha convertido en una finalidad. Nos parece a muchos que avanza más a medida de que se recorra. Serán errores de perspectiva. Es un suponer. Mientras, Torra recibe al Rey en Cataluña.