OPINIÓN

Aprender de los errores

El Gobierno de Pedro Sánchez ha creado un conflicto innecesario en Navantia que no debe volver a repetirse

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Bien está lo que bien acaba. Después de más de una semana de auténtica zozobra, el Gobierno de Pedro Sánchez por fin rectificó y mantuvo en vigor un contrato de venta de armas a Arabia Saudí que cumplía perfectamente con todos los protocolos internacionales. El fondo de la cuestión no era ese contrato en sí mismo, sino que su suspensión implicaba también la ruptura del acuerdo para la construcción de cinco corbetas en el astillero de San Fernando, que supone carga de trabajo para seis mil personas durante varios años.

Por un capricho –por postureo, a decir de la oposición– el Ministerio de Defensa ha estado a punto de tirar por la borda el futuro y la ilusión de miles de familias gaditanas, que han pasado una innecesaria angustia a la espera de que se resolviera este conflicto autocreado por el Gobierno. Una vez superada la crisis, conviene abrir un espacio para la reflexión al objeto de evitar volver a caer en los mismos errores.

Como bien decía el pasado martes durante las movilizaciones la delegada de personal de Acciona, Virginia Gómez, el hecho de que España hubiese roto el acuerdo no suponía en ningún caso que se fueran a acabar las guerras. Es más, había numerosos países a la espera de que así fuera para ser ellos los que se hicieran con el contrato. «Esto no funciona así, si de nosotros dependiera que no hubiera guerra nos replantearíamos las cosas, pero por desgracia las cosas no son así. Si nosotros no lo hacemos lo harán otros», afirmaba Gómez dando altavoz a los miles de trabajadores del sector. Es injusto, e irresponsable, pretender cargar sobre las espaldas de los trabajadores las consecuencias de las malas prácticas políticas internacionales.

Al margen de ello, no conviene tampoco obviar el daño que se le infringe al sector naval de la Bahía de Cádiz con este tipo de situaciones. Los trabajadores se han visto en la obligación –como es su derecho– de defender sus puestos de trabajo. Afortunadamente lo han hecho de una forma pacífica y responsable. Pero la imagen que se transmite a nivel internacional no es ni mucho menos la idónea. En los últimos años, desde todo el sector –patronal y sindicatos– se está haciendo un esfuerzo por ‘vender’ una imagen de seriedad, de paz social, de alta cualificación, que se ve seriamente dañada por capítulos como el vivido en los últimos días. Confiemos en que no vuelva a repetirse.