Apoyar antes que lamentar

La Unión Europea y el Gobierno dieron pasos ayer para reconocer la condición fronteriza de la provincia

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La provincia de Cádiz nos recuerda cada jornada que vivimos en una tierra que, geográficamente, es una bendición y una maldición. Su estratégica ubicación la convierte en escenario ineludible para el narcotráfico, las migraciones y la presencia militar. Desde el mar de Alborán, con el epicentro del estrecho de Gibraltar y hasta la desembocadura del Guadalquivir, con la cercana Rota, abundan los puntos esenciales para la vigilancia del equilibrio militar internacional, el tráfico de personas o de droga procedente de África y América y que se distribuye por todo el país y toda Europa. Es la entrada y la salida occidental del Mediterráneo hacia el Atlántico, el puente natural entre dos continentes separados apenas por 13 kilómetros.

Luchar contra estas circunstancias es imposible. Se trata de intentar manejarlas, adaptarse y trabajar de forma constante en los retos que plantea el paso del tiempo de forma incansable. Incluso contando con todos los recursos militares, diplomáticos, administrativos, policiales y judiciales para hacerles frente, resulta imposible controlar esa ingente cantidad de desafíos.

La demagogia está a la orden del día con la aparición de los adalides de la nueva política. Y los partidos tradicionales tienen dificultades para estar a la altura, para compaginar sus palabras en la oposición y sus hechos cuando gobiernan. Sin embargo, hay decisiones que parecen difícilmente discutibles. Que España esté al frente del dispositivo comunitario Frontex parece de una sensatez aplastante por cuanto sostiene uno de los principales límites de la Unión Europea con el espacio extracomunitario. En la misma línea de lógica resulta necesario aplaudir la decisión de crear un mando único para los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, que sin duda fomentará una coordinación de actuaciones que se antoja imprescindible.

Si se une el paso adelante dado por Frontex y la designación del general Manuel Contreras como mando único en el Estrecho, la provincia vivió ayer algo parecido a un acontecimiento en materia de seguridad, en esa infinita y multidisciplinar tarea que le enfrenta al tráfico de personas y estupefacientes, a la estrategia militar internacional o al paso de decenas de miles de ciudadanos durante varias épocas del año. Más que asustarse, el camino pasa por reconocer la situación de la provincia y reforzarla, por apoyar más que por lamentar.