Manolo Torres, uno de los sastres históricos del Carnaval de Cádiz, alma del coro de la Viña.
Manolo Torres, uno de los sastres históricos del Carnaval de Cádiz, alma del coro de la Viña. - LA VOZ
OPINIÓN

Aguja de gloria para Manolo Torres

«Sin darse importancia, Manolo Torres hacía Carnaval con su aguja... era el alma del coro de la Viña»

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Habré de comenzar explicando a mis lectores sevillanos que si hoy nos vamos para Cádiz ('vámonos pá Cai, primito hermano'), no es porque esta calor que nos ha venido de golpe y nos ha hecho pasar directamente de Escandinavia al Sahel me empuje a la «brisa marinera y arrullo del mar».

Me lleva a Cádiz, ay, la noticia de la muerte de un amigo y compañero de mi peña de La Salle-Viña: el sastre Manolo Torres. Sí, el del Coro de la Viña que me permitió escribirle con música de mi compadre Antonio Martín piropos en forma de tango a mi adoptante Cuna de la Libertad.

Desde Sevilla vemos el Carnaval como algo lleno de vida, de gracia, por el que no pasa el tiempo. Al que no llega la muerte. Pero también le llegan, ay, las malvas del patio de 'Los duros antiguos'. Hago memoria, y el teletipo de las malvas me dice que el Carnaval se quedó sin Don Adolfo, sin aquel Manolo Cornejo de la chirigota del Love cuyos alumnos chirigoteros estaban deseando que llegaran las vacaciones «porque yo de Don Adolfo/estoy hasta lo que rima».

Y ya nadie pide en el Falla un ole bajo pena de que se le seque la yerbabuena: también se nos fue María la Yerbabuena, aunque en el cielo del verdadero Falla, el que no pintó Abárzuza, sino el mismo Dios, sigue resonando su grito desde un palco de platea.

Y se nos fueron tantos, de cuya ausencia quizá se estén enterando ahora los aficionados sevillanos al Carnaval, que la mueca de risa de la Careta de Oro de la Semana Cultural de La Salle-Viña se vuelve ahora tristeza y memoria, porque también se nos ha ido un callado artista y artesano del Carnaval, que ni cantaba, ni escribía letras o músicas, ni tocaba bandurria o laúd, ni bombo ni caja.

Sin darse importancia, Manolo Torres hacía Carnaval con su aguja, en su taller de sastrería de La Viña, ideando disfraces para su coro, que fundó, en el que salió muchos años, desde aquel primero de 'Los Liberales de 1800' (1978). Junto con el difunto Felipe Martín, el del aerolito viñero, Manolo Torres fue el alma del coro de La Viña. Muchos años la idea del coro era suya, en torno al disfraz que se le había ocurrido, y luego ya se hacía el tango de medida y el repertorio.

Me cupo el honor de escribir con música de Antonio Martín cuatro premiados coros de La Viña vestidos por la que ya es aguja de gloria de Manolo Torres: 'Takatá, chin, chin, pon, pon' (1989), 'Bátmonos que nos vamos' (1990), 'A Venecia del tirón' (1991) y 'Los Pájaros' (1992). 'Los Pájaros' fue su primera Aguja de Oro, el premio de Canal Sur Radio pilotado por Mari Pepa Marzo al mejor o más ingenioso disfraz de una agrupación.

Hasta plumas de avestruz de 'Cinderella' de Nueva York, vamos, de Broadway, donde Pepe 'el Pelao' las compraba para la Centuria Macarena, le traje a Manolo Torres para vestir aquel coro inolvidable. Luego le llegaron con nuestro Coro de la Viña cinco Agujas de Oro más: 'Al ataque' (1994), 'El chichibolo' (1996), 'El habla de Cádiz' (1997), 'Arde Gadir' (1999) y 'El museo' (2001).

Lo mismo que yo le traía plumas desde Nueva York, Manolo Torres cogía el ferry en Tarifa y se iba a Tánger a comprar telas increíbles para el ingenio y el cuidado de sus disfraces. Fue un innovador, en un Carnaval que se hacía más mediático cada año y que además de por los oídos de una ocurrente letra con una buena música, tenía que entrar por los ojos de la vistosidad.

Inventaba Manolo Torres todo esto sin darse importancia, consultando las ilustraciones de muchos libros de Historia y echando luego muchas horas para vestir a los cuarenta guerreros, ¿verdad, Juan Antonio?, que iban a defender el clásico tango viñero. Para mí que Manolo Torres cosía al compás del 3 por 4 en la modestia de un taller de sastrería que era, como el cine, una fábrica de sueños carnavalescos. Que nuestra Virgen de la Palma, a la que tantas veces le cantaste la 'Misa Típica Gaditana', te tenga en su gloria. Porque como a tantos viñeros buenos, Dios te ha dicho desde el Falla del cielo: «Esta noche estarás conmigo en el Paraíso». Oyendo uno de tus coros celestiales, cosidos por tu amor a Cádiz, a la Viña y al Carnaval con una aguja de oro ensartada en gracia y en arte por la Tacita de Plata.