Protestas tras las masacres de El Paso y Dayton

Trump, sin perdón

Jesús Lillo
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La matanza de El Paso marca un punto de fuga en la historia de las balaceras de Estados Unidos. Después de enterrar a miles de muertos, víctimas de una carnicería intermitente que desde hace décadas forma parte del paisaje moral de una sociedad que se dice avanzada, la inteligencia demócrata -con Barack Obama a la cabeza, el premio Nobel que presidía el país cuando se produjo la masacre racista de Charleston- ha concluido que la culpa de tanta sangre derramada es de Donald Trump, por alentar el supremacismo blanco. El hallazgo de esta relación de causalidad entre lo que dice uno y a los que apunta el otro representa un avance histórico para atajar esta lacra.

A Donald Trump se

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