Sueño de una noche de verano

Las primarias las carga el diablo. Siempre tiene mala suerte España con las primarias

Antonio Burgos
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Antes de que esta tarde podamos perder ante Rusia y repitamos quizá que «el VAR es culpable», en plan Serrano Suñer con el «Rusia es culpable», he vuelto a soñar ucronías, por no decir utopias. En futbolística materia, cómo estaríamos ahora si Florentino Pérez no hubiera fichado a Lopetegui justo horas antes de comenzar el Mundial. ¿Andaríamos ahora con la misma seguridad y el orgullo de cuando Del Bosque en Sudáfrica? Eso por lo que respecta al pelotín; pero mis sueños de verano han ido por el pelotón. Por el pelotón de políticos que se han sucedido en mis sueños y me han vuelto a demostrar que cada vez estoy más convencido de que a España la ha mirado un tuerto. Y más con «lo que pudo haber sido y no fue», que cantaba Antonio Machín, ya que el panorama está más negro que sus maracas.

Todo empezó con Aznar. Echo atrás la moviola del tiempo, y me imagino ahora a Aznar dándole vueltas a su dedo designante, cuando no se estilaban las primarias, y señalando como sucesor a mi admirado Mayor Oreja. Es más que probable que Rajoy no estaría a estas horas de vuelta en su Registro de la Propiedad en Santa Pola. ¿Se imaginan lo que hubiera sido España con un PP con mayoría absoluta y Mayor Oreja de presidente del Gobierno? Se habría acabado con la ETA, sí, pero lo que se dice acabar, no pastelear, ni ceder, ni chaquetear, ni hacer pactos por debajo de la mesa. En cuanto a la situación económica, un Gobierno fuerte habría solucionado la rastra de las trampas que los otros dejaron con igual solvencia, pero además sabiéndolo explicar.

Ay, las primarias... Las primarias las carga el diablo. De los malos sale siempre el peor. El olor a azufre se cuela en las urnas de las primarias de los partidos. Siempre tiene mala suerte España con las primarias. ¿Se imaginan que Zapatero no hubiera ganado sus primarias? ¿Qué sería ahora de la llamada «cuestión catalana»? Pues muy sencillo: no existiría, porque nadie les habría dado alas a los separatistas. Ni se habría llamado «proceso de paz» al hocicamiento ante los asesinos de la ETA.

Pero no hay que remontarse a aquellas primarias del PSOE. Voy a las más recientes. ¿Se imaginan lo que habría sido de España si las llega a ganar Susana Díaz, como parecía que estaba cantado? Seguro que no estaríamos donde estamos, ni se habría producido esta conjunción estelar de la mala suerte contra la normalidad y unidad de España. Por mucho que hubiera subido Ciudadanos en intención de voto, seguro que Susana Díaz no habría presentado una moción de censura para que España pasara a manos de los que quieren destruirla, como tapados socios de Gobierno. No habría llegado a ocurrir esto de dejar a TVE en manos de Podemos como TV3 en las de los separatistas catalanes. Aquí cada preso estaría donde debe, no en el lugar más cercano a su casa, como si en vez de andar cumpliendo condena o prisión preventiva fuera a matricularse como alumno de Primaria en un colegio concertado.

Y habría oposición, y no como ahora, que ayer andaba mi dilecto vecino Ignacio Camacho como Diógenes, pero sin lámpara, buscándola y no hallándola. Y voy a más: si Rajoy no hubiera puesto su ego y su afán por destruir a Ciudadanos por encima de los intereses de España, a estas horas quizá estaríamos en plena campaña de las elecciones que habría convocado al dimitir y disolver las Cortes. De todo esto, pienso, tienen la culpa las encuestas. Lo bien que salía Ciudadanos, de favorecido y casi de primer partido. ¡Qué mala suerte! Podía Ciudadanos haber salido peor, y a los dos grandes partidos no les habría puesto tan nerviosos como para cargarse a España. Pero no me echen mucha cuenta. Son sueños míos de una noche de verano. De estreno de verano y de ilusiones perdidas.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos