EDITORIAL ABC

Sistemática erradicación del castellano

Actualizado:

La dejadez de los sucesivos gobiernos centrales de todo signo ha permitido que la Generalitat haya situado la enseñanza en castellano en niveles marginales, que no sólo no respetan el bilingüismo propio de una comunidad con cooficialidad lingüística, sino que relegan el idioma común a todos los españoles por detrás del inglés. Los datos son incontestables. Los ha reunido Cs en un informe con el que desmonta la falacia de la Generalitat sobre el refuerzo del castellano en zonas catalanohablantes. De casi tres mil centros, solo 659 tienen un proyecto lingüístico específico. Pero de este número, solo 22 colegios, es decir, el 6,43%, imparte una asignatura no lingüística en castellano; frente a 128 centros que lo hacen con un idioma extranjero. Lo mismo sucede con las actividades extraescolares. Únicamente el 1,17% de los centros tiene alguna de estas actividades en castellano, frente al 13,46 que las ofrecen en inglés o en otro idioma extranjero.

La conclusión es la misma a la que han llegado entidades defensoras del bilingüismo en el sistema educativo catalán: el castellano es peor tratado que el inglés, con el solo propósito de erradicar cualquier vínculo emocional o social de las nuevas generaciones de catalanes con lo español. La parodia propia de bufón protagonizada por Junqueras en la Sala Segunda del Tribunal Supremo -«yo amo España, amo a la gente y la cultura española», decía- queda al descubierto con estas estadísticas que ayudan a entender el clima de hostilidad que divide la sociedad de Cataluña y enfrenta gratuitamente las identidades catalana y española. Poner fin a esta situación perversa del monopolio nacionalista en la educación es otra responsabilidad del nuevo gobierno que surja del 28-A; claro está, debe ser un gobierno que contemple la marginación del castellano en Cataluña como un ataque a la igualdad entre españoles, y no como una moneda de cambio para repetir en La Moncloa. Y detrás de Cataluña, Baleares sigue sus pasos de la mano del gobierno social-nacionalista.