Editorial ABC

Sánchez acepta el voto indigno de Otegui

Cualquier estrategia de blanquear a Otegui, o cualquier intercambio de sonrisas y prebendas con el separatismo catalán por parte de Sánchez, deberían estar penalizados en las urnas

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El partido que dirige Otegui se ha convertido en la pieza esencial sin la cual el Gobierno de Sánchez no podría haber aprobado seis decretos leyes de corte electoralista en la Diputación Permanente del Congreso. Es más, Bildu ya ha expresado su deseo de convertirse en un socio estable del PSOE si Sánchez es investido presidente del Gobierno, y se ha jactado públicamente de ver a ministros humillados solicitando el voto batasuno con tal de no perder la votación de esos decretos. La sesión de la Diputación Permanente ha permitido comprobar cómo los socios de Sánchez en la moción de censura contra Rajoy ya están predeterminando una futura reedición de la alianza separatista, nacionalista, comunista y filoetarra con la anuencia del propio PSOE. Solo unas horas después, sus socios de Bildu llamaban «nazis» y «asquerosos» a los agentes de la Policía y la Guardia Civil en el Parlamento vasco. Estamos hablando de ese grado de abyección, de eso hablamos cuando definimos al grupo que colaboró en sentar a Sánchez en La Moncloa.

Causa más estupor la indignidad con la que unos diputados que siguen a día de hoy sin condenar el terrorismo de ETA manipulen al PSOE sin que Sánchez rechace esas maniobras taxativamente, aunque tuviera que perder las votaciones de los decretazos. Sánchez es rehén de sus incoherencias, y pacte o no con EH Bildu, recibir favores de Otegui es humillante para un partido como el PSOE, que cuenta por varios de sus militantes y cargos asesinados.

Cualquier estrategia de blanqueamiento de Otegui, o cualquier intercambio de sonrisas y prebendas con el separatismo catalán por parte de Sánchez, deberían estar penalizados en las urnas. Otegui representa lo peor del pasado de una banda criminal que asesinó a más de ochocientas personas, que mantiene voluntariamente sin resolver más de 300 crímenes, y que se dedica recurrentemente a desafiar la legalidad convocando homenajes a criminales sin el menor rubor. Lo mismo vale para los dirigentes de ERC que se retratan alegremente con él, o para quienes lo tildan de «hombre de paz». Que Sánchez acepte su respaldo puede ser legítimo desde una perspectiva aritmética, pero no ética. El líder socialista debiera ser consciente de que son escaños tóxicos que contaminan su proyecto y que manchan la memoria de dirigentes socialistas que cayeron con esas balas que Otegui siempre justificó. Nadie en el PSOE debería ser comprensivo con este tipo de conductas si provienen de un excriminal multirreincidente como el cabecilla abertzale. Y menos aún, cortejarle. El PP acierta al recurrir al TC estos decretos electoralistas aunque no logre nada. Hay que retratar a Sánchez.

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