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Editorial ABC

PSOE: muchos portavoces, poco liderazgo

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Desde hace meses, los mensajes del PSOE son víctimas de un extraño solapamiento sistemático entre portavoces que se matizan y corrigen entre ellos, cuando no se desautorizan abiertamente. Más allá de Pedro Sánchez, el segundo escalón orgánico del PSOE protagoniza una constante falta de homogeneidad y coordinación en la difusión de los mensajes, y el partido parece estar sometido a una continua búsqueda de la tecla que le permita comunicar con más éxito y eficacia. A menudo, el portavoz oficial del partido, Óscar Puente, es corregido por el secretario de Organización, José Luis Ábalos. Lo mismo ocurre con la portavoz parlamentaria, Margarita Robles, generadora de serias disensiones internas en el grupo del PSOE en el Congreso, y Adriana Lastra, mujer de confianza absoluta de Sánchez tanto en la Ejecutiva del partido como en el Congreso. No es que unos portavoces anulen a otros, pero sí es cierto que interpretan la partitura de forma tan desigual, y con tantos síntomas de desafine, que resulta llamativo. No está siendo fácil para Pedro Sánchez estar ausente del Congreso desde que renunció a su escaño. Tampoco es idónea su estrategia de aparecer y desaparecer a conveniencia de la escena pública, en la convicción de que permaneciendo ausente durante días serán los demás líderes políticos, y no él, quienes se desgasten. No hay sondeo que no refleje un estancamiento electoral del PSOE y, tras el de Sánchez, no hay un segundo rostro reconocido y reconocible capaz de asumir la voz pública del partido, o un liderazgo político definido y complementario al del secretario general. Al PSOE le sobra tacticismo y le falta autenticidad en los mensajes. Por faltarle, hasta a su líder le falta un escaño donde hacerse visible como jefe de la oposición. Fue decisión suya dejarlo y ahora paga las consecuencias de esta macedonia de portavoces.