La Tercera

París bien vale una misa

«La globalización constituye una era neoimperial y los europeos no tenemos las mejores cartas para jugarla. Sin embargo, hasta el último rincón del planeta se ha sentido la vibración empática con la tragedia de Notre Dame. Se trata de otra paradoja, el triunfo resonante y global de la cultura europea en contraste con la evidencia de una crisis demográfica, política y de valores»

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Cuando se aproximaba el año mil, los habitantes de la Europa occidental tuvieron un ataque de pánico. Las crónicas de aquel tiempo providencial refieren que los pecadores se arrepintieron, los malvados se tomaron un descanso y todos juraron a amigos y enemigos que habían cambiado para bien y para siempre. Ayunos, privaciones y confesiones preparaban el final del mundo, que esperaban inmediato. La atmósfera milenarista, tan bien reflejada en las pinturas de Jheronimus van Aken, El Bosco, con sus estampas de infierno y paraíso, se apoderó de los reinos cristianos europeos. Transcurrido el instante crucial, el tiempo contado desde el nacimiento de Jesucristo continuó su transcurso. El 1 de enero del año mil fue un día como otros. Los pecadores