Visto y no visto

Municipales

Al estadista del «no soporto la estupidez» le dijeron que era el amo de la República y se lo creyó

Ignacio Ruiz-Quintano
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Unas elecciones municipales aún tienen por ahí el encanto mitomotriz de «lo republicano», sinónimo, entre nosotros, de «la ilegalidad», cuya fiesta mayor fue aquella República que advino tras unas municipales ganadas por los monárquicos (22.150 por 5.875) en abril del 31, razón por la cual («de la ley a la ley») don Niceto, El Botas, conminó al Rey a abandonar Madrid «antes de que se ponga el sol», cosa que hizo.

Se lo había dicho Miguelito Maura al cuñado de Azaña: dile que quiero verlo, que el tiempo urge, que el 12 son las elecciones y el lunes 13 se va el Rey y es menester que esté todo dispuesto. Pero Azaña, el sabio más tonto que la España moderna

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