Tiempo recobrado

Las mónadas no tienen ventanas

Leibniz apela a la noción de que somos parte de un todo universal

Pedro García Cuartango
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Suelo releer a algunos grandes filósofos al azar. Lo hago por evadirme durante un rato de una actualidad tan banal como cansina. Hace un par de días saqué de la estantería la Monadología de Leibniz, un libro muy corto pero de densa lectura.

Se han hecho muchas interpretaciones del texto y acostumbra a señalarse que Leibniz se anticipó al descubrimiento de los átomos al concebir sus mónadas como sustancias simples e indivisibles que están presentes en todo lo que vemos.

La originalidad de la concepción de Leibniz es que señala que cada mónada contiene el infinito en sí mismo, el origen y el final de todo lo existente. Todo lo que sucede se halla en esas partículas elementales que coexisten

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