El recuadro

El día más torero

Como el arte va siempre del mismo lado, hay una bendita confusión entre toreo y cofradías

Antonio Burgos
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Cuando Manfredi, el sastre de los toreros, tenía su taller en la calle Jimios y llegaba el verano, abrían las ventanas de la planta baja y los chiquillos del barrio nos acercábamos a ver, extasiados, la destreza de aquellas mujeres que en sus bastidores, con sus agujas ensartadas en hilo de oro, iban bordando bandas de taleguillas, delanteros de chalequillos, quizá algún capote de paseo. Luego, cuando me acerqué a algún taller de bordador cofradiero, me acordé de las mujeres del taller de Manfredi. Era lo mismo, pero a lo divino. Sólo cambiaba que el bastidor del inmenso manto de Reina para una Virgen era bastante mayor que aquellos pequeños de las taleguillas, y ocupaba casi toda la habitación. Y

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