Manolita

Pasamos del orden de la cola de Doña Manolita a la estabilidad de la democracia de Xi Jinping

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Doña Manolita, escribió Ruano, su funebrista, deja su mostrador con el número de su alma doblado, pasado por sus manos. Setenta años después, el público sigue guardando cola en la madrileña calle del Carmen atraído por la cajita de música de esa lotería.

-Que trabajen los pueblos de poca fe, pero no aquellos que creen en la Providencia.

El madrileño viejo sólo cree en el Jesús de Medinaceli, en cuyos pordioseros se deja las monedas de céntimo, y en la lotería de Doña Manolita, en cuyo mostrador se deja el billete de veinte después de una cola de dos horas que guarda con sumo gusto porque le permite satisfacer su pasión igualitaria haciendo guardar el orden a los que intentan

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