CARBAJO

Leyes, reglamentos y disparates

«Hay un momento en que las leyes deben dejar paso al sentido común. Y un reglamento puede ser tan absurdo y disparatado como preguntarle al viajero, en la aduana, si viene con la intención de asesinar al presidente del país que se dispone a visitar»

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Hace ya algunos años, en el primer viaje a Estados Unidos, lo primero que te llamaba la atención ocurría antes de aterrizar el avión, y es que, en el cuestionario a rellenar para los trámites aduaneros, había una pregunta en la que inquirían si el motivo de tu viaje tenía que ver con la intención de asesinar al presidente del país. Ignoro si en alguno de los viajes compartí vuelo con alguien cuyo objetivo era perpetrar un magnicidio, pero dudo que un asesino -profesional o aficionado, novato o con experiencia- fuera a decir la verdad.

Para los mediterráneos este tipo de culto a la veracidad de los anglosajones nos parece de una inocencia deslumbrante, quizás porque la mentira, o la