Tiempo recobrado

Lágrimas furtivas

Casi seis décadas después, ella seguía allí, mirando por la ventana

Pedro García Cuartango
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He pasado unos días en Miranda de Ebro, mi pueblo natal, en un intento de huir de este calor inaguantable que hace en Madrid. Como sucede cada vez que vuelvo al lugar donde nací y transcurrió mi infancia, no puedo evitar la sensación de frustración que me produce la transformación de un paisaje urbano que apenas tiene nada que ver con el de mis recuerdos.

Cuando tenía siete u ocho años, acostumbraba a ir con mis padres en verano a hacer merienda-cena en la orilla del río, a sólo unos centenares de metros de mi casa. La hierba y la maleza invaden ahora el bosque de chopos donde nos sentábamos para comer una tortilla o unas latas de sardinas mientras

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