Cambio de guardia

Irán, el gran juego

Irán ha capitalizado el tiempo que el desinterés de Obama le regaló

Gabriel Albiac
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Irán sigue su ruta hacia la plena potencia nuclear. Lo anunciaba anteayer. Pero, ni es nuevo, ni tiene nada de asombroso. Asombrosa fue la ficción mediante la cual Barack Obama aceptó, en su día, camuflar la prioridad de ese objetivo. Asombroso, que aquel palmario fraude fuera saludado como un avance para la paz mundial. O tal vez no tan asombroso: el ridículo de un presidente norteamericano que se había prestado a aceptar el Nobel de la Paz antes de haber siquiera tomado posesión de su cargo, hacía presagiar lo peor. Obama superó con mucho todas las expectativas.

El acuerdo de desnuclearización que firmó Irán en 2015 era un fraude palmario. Pero no hay fraude que no responda a una lógica.

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