Tiempo recobrado

El infierno no es el otro

La intolerancia no fortalece un ideal político, sino que lo hace más débil

Pedro García Cuartango
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Decía don Manuel Azaña que nadie posee el monopolio del patriotismo y que ningún ciudadano tiene derecho a pensar que sus soluciones para los males del país son las mejores en detrimento de las que aportan los demás. Esta filosofía brilla hoy por su ausencia en una vida pública caracterizada por un sectarismo que parte de la idea de que uno siempre tiene razón y que las propuestas de los otros son mezquinas y equivocadas. Y esto vale para todas las fuerzas políticas desde Vox a Podemos pasando por el independentismo.

El principal problema que tiene hoy España es la intolerancia, una enfermedad que ha ido corroyendo el tejido político y que impide llegar a los grandes acuerdos que necesita

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