Una raya en el agua

Iglesias, no grato

No habrá acuerdo hasta que Iglesias renuncie a ser ministro. Es un veto personal, acaso extensivo al núcleo del pablismo

Ignacio Camacho
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La «línea roja» se llama Pablo Iglesias. El presidente no lo dijo, ni probablemente lo dirá, de este modo, pero no habrá Gobierno hasta que el líder de Podemos renuncie a ser ministro. Es un veto, sí, y un veto personal, ad hominem, acaso extensivo al núcleo más estrecho de su círculo. El argumento oficial, y razonable, son las diferencias respecto al problema catalán, la autodeterminación, la sentencia del juicio y hasta la posibilidad de tener que volver a aplicar el 155. El real, la falta de confianza en un político de enorme potencial conflictivo: cimarrón, imprevisible, biselado de aristas, con enorme afán de protagonismo. Sánchez admitirá independientes filopodemitas o incluso, si la negociación avanza, miembros poco significados de la

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