Una huelga de juzgado de guardia

Las injerencias que afectan a la Justicia quizá pasen por el Congreso y terminen en el Supremo, pero empiezan entre quienes con los ojos vendados se autodenominan progresistas o conservadores

Jesús Lillo
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De la misma manera que el presidente del Gobierno era hasta no hace mucho el político conocido como Pedro Sánchez, aquel hombre sin destino ni principios al que se refiere de memoria Carmen Calvo, la ministra de Justicia no pasaba de ser el pasado mayo -cuando la primera huelga en los juzgados- la fiscal conocida como Dolores Delgado, vocal del Consejo Fiscal por la cuota correspondiente a la Unión Progresista de Fiscales. Entonces, y junto a la actual fiscal general, uña y carne, se manifestó a las puertas de la Fiscalía General del Estado para defender sus derechos laborales y denunciar la politización de la Justicia. Ya ha llovido.

Lo primero que pedían -una mejora salarial a jueces y fiscales,

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