De la hagiografía necrológica

Ni en las tiranías tercermundistas hay un ejemplo de la promulgación de una ley o decreto con entrada en vigor antes de su publicación

Ramón Pérez-Maura
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Lo que hemos visto el pasado fin de semana en España, tras la muerte de Alfredo Pérez Rubalcaba (q.e.p.d) ha sido un acto de propaganda política con escasos precedentes en una democracia y en el que se ha mezclado la hagiografía con la pornografía necrológica.

El uso que ha hecho el presidente del Gobierno del cadáver de su rival es vomitivo. Para empezar su abandono del Consejo Europeo al que asistía en Rumanía. ¿Cómo se puede preterir los intereses de España a los de tu partido? Sólo la muerte del Rey justificaría el abandono del deber. Desde el momento en que supimos de ese gesto quedó claro que la utilización política de la muerte de Pérez Rubalcaba iba a superar

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