Una raya en el agua

La cara oculta de la Tierra

El combustible de la aventura era el esfuerzo humano, la capacidad de superación, la pasión eterna por volar más alto

Ignacio Camacho
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Las carabelas de Colón y las naos de Elcano eran cáscaras de nuez y el módulo lunar del Apolo 11 tenía una chapa más delgada que cualquier todocamino contemporáneo. El ordenador que guiaba la misión era menos potente que el procesador de tu móvil, y en el último instante, con el corazón a 150 pulsaciones, Armstrong tuvo que alunizar el Eagle a mano. Las grandes hazañas de la exploración en el mar, en la tierra y en el espacio se llevaron a cabo con medios materiales que hoy nos parecerían asombrosamente precarios pero tuvieron éxito porque su verdadero combustible era el esfuerzo humano, la capacidad de sacrificio y de superación, la pasión eterna por llegar más lejos o volar más

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