Una raya en el agua

Gallos

Rivera y Valls son demasiado altivos para aceptar errores y compartir sitio. El segundo aún puede acabar de ministro

Ignacio Camacho
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Manuel Valls tuvo, y desperdició, una oportunidad de evitar su antipática elección entre Ada Colau y Ernest Maragall: haberle ganado las elecciones al menos a uno de los dos. Es lo que se esperaba de él, en teoría un buen candidato cuyo potente perfil antinacionalista y pragmático prometía reforzar el papel de liderazgo constitucional que en Cataluña había asumido Ciudadanos. Pero su campaña y sus resultados han sido un fiasco. En vez de aglutinar todo el voto españolista a la derecha del PSC se empeñó en disputarles a los socialistas el espacio, guiado tal vez por su propio instinto biográfico. El saldo de la experiencia es un severo fracaso: ha quedado el cuarto de seis y sólo ha conseguido sumar

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