Fake news

«Las fake news, desde un contenido supuestamente periodístico, producen a través de prensa, radio, televisión y sobre todo en redes sociales una desinformación premeditada destinada a conseguir determinado efecto a menudo político. Una manipulación de la verdad para desprestigiar o ensalzar a personas o instituciones en lo que supone un ataque a la credibilidad de los medios de comunicación y de los periodistas»

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Arthur Gregg Sulzberger, editor de «The New York Times», uno de los periódicos a los que Trump dirige sus dardos, insistía recientemente en el Semanal de ABC en la necesidad de la verificación de datos en un periodismo de calidad. Asistimos, desde la irresponsabilidad y el descaro, a un desistimiento en la comprobación de las fuentes. Ocurre singularmente en las redes sociales, esa vía que ha convertido a cada ciudadano en un emisor o transmisor de opiniones, multiplicando hasta el vértigo la supuesta condición de autores e informadores. Me refiero a las llamadas fake news.

Su antecedente inmediato es la posverdad, voz recogida ya en el Diccionario de la RAE, que define: «Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias