Europa fue

Europa: despojo de una mujer bellísima que vivió demasiado. Y abandona

Gabriel Albiac
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Sibylla narra su historia a Eneas; Ovidio le da escritura. No es una diosa y su mucha edad nada tiene de envidiable. Puso ella misma su precio a la virginidad que ansiaba comprarle Apolo. «Yo misma cogí y le mostré un puñado de polvo; le pedí, insensata, alcanzar tantos cumpleaños cuantos granos tenía el polvo; me olvidé de solicitar que aquellos años fuesen jóvenes hasta el fin». Su cuerpo va, pues, menguando, reconcomido por los siglos. «Día llegará en que mis miembros, consumidos por esa vejez, queden reducidos a un tamaño insignificante». En ese punto final la recogerá el Satiricón de Petronio. Cuando, atrapada dentro de una botella, como un grillo en su jaula, los niños la torturen preguntándole: «¿qué

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