Editorial ABC

Lo que le espera a España con Sánchez

El partido de la izquierda nacional y constitucionalista ha dejado de ser una cosa y otra, para aceptar el papel de comodín de todos y cada uno de los grupos políticos cuyo objetivo es la demolición del sistema constitucional

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Los reales decretos-leyes de los «viernes sociales» del Gobierno socialista fueron aprobados ayer por la mayoría formada por el PSOE, la extrema izquierda, los nacionalistas y separatistas vascos y catalanes y los proetarras de Bildu. La mayoría de la moción de censura contra Rajoy ha vuelto a funcionar porque a todos sus miembros les interesa seguir exprimiendo la facilidad política con la que se conduce el Gobierno de Pedro Sánchez, quien sigue siendo su hombre en La Moncloa. Aunque algunos portavoces nacionalistas y de Podemos criticaron ayer con la boca pequeña las formas del Gobierno para aprobar estas medidas legales, ninguno ha querido quedarse al margen del festín de fondos públicos que costará la financiación de algunos de los decretos aprobados. A la mayoría que sigue apoyando a Pedro Sánchez no le importan las consecuencias de sus decisiones a medio plazo, ni el impacto negativo en una economía que ya da señales claras, más que indicios, de que la situación se está enfriando y de que se está gestando un déficit público temible para los próximos años. A esta renovada mayoría que usufructúa las ansias de poder de Sánchez le importa nada que, antes o después, el gobierno que sea tendrá que revertir buena parte de las medidas que ahora ha aprobado irresponsablemente, como tuvo que hacer Rodríguez Zapatero en aquel mayo de 2010 que rompió el espejismo de la inútil política «social» del PSOE.

Pero el grave problema de las votaciones de ayer en la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados es que sigue vigente y activa la peor coalición política que ha conocido la democracia española desde su reinstauración en 1978. El PSOE ha hecho que pase -como pide su eslogan electoral- lo que nunca debió pasar: que el partido de la izquierda nacional y constitucionalista ha dejado de ser una cosa y otra, para aceptar el papel de comodín de todos y cada uno de los grupos políticos cuyo objetivo es la demolición del sistema constitucional de 1978. Ni lo más perverso del arco parlamentario -los proetarras de Bildu- tuvo duda en apoyar a Pedro Sánchez, ni este la tuvo en aceptar silente y complaciente los votos de un partido filoetarra.

Está claro que esta mayoría de ayer quiere volver a ser la mayoría del 28 de abril con Pedro Sánchez en La Moncloa, candidato real de una coalición que, por separado, está sentada en el banquillo de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, legitima el terrorismo de ETA y pugna por derogar la Constitución de 1978. Tomen nota.