Una raya en el agua

El espejo de Lisboa

Ahora es cuando Sánchez debería inspirarse en Portugal como modelo de socialismo pragmático y de Gobierno serio

Ignacio Camacho
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Pedro Sánchez debería volver a Lisboa. Como cuando en enero de 2016, teniendo ya en la cabeza el Gabinete Frankestein con el que pretendía convertir en victoria la primera de sus dos humillantes derrotas, fue a señalar como ejemplo de su estrategia la alianza que había logrado formar Antonio Costa. El primer ministro portugués tampoco había ganado las elecciones y se aupó al poder con ayuda del Partido Comunista y de un Bloco de Esquerda parecido a Podemos pero sin sus aspiraciones refundadoras. Era un Gobierno que no gustaba demasiado en Europa, cuya vigilancia financiera se mantenía alta tras levantar la supervisión directa de la Troika. Eso sí, el país aledaño carecía de amenazas separatistas contra su estabilidad como nación

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