La Tercera

El dogma de la unidad del castellano

«Reconocer las diferencias no significa afirmar que el español de México y el de España son dos lenguas diferentes. Se trata de una lengua común en la cual la comunicación se hace a veces difícil. Sin este reconocimiento, se perpetuará uno de los grandes males en las relaciones contemporáneas entre España y los países latinoamericanos: una enorme cantidad de buenos deseos construidos sobre un inmenso y mutuo desconocimiento»

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La primera vez que vi la película mexicana «Amores perros» entendí muy poco. Durante largas partes de la película, el lenguaje del protagonista, un adolescente Gael García Bernal, me pareció un acertijo violento y apasionado cuyo significado no era capaz de desentrañar. Si no hay nada malo en no comprender, pues a toda comprensión le precede una incomprensión, debo reconocer que el español en que hablaban los personajes de «Amores perros» superaba mis capacidades lingüísticas. Jamás había pensado que al dinero se le pudiera llamar lana y que para decir que alguien era muy malo se debiera utilizar la palabra naco. Solo después aprendí que, cuando viajan a México, nuestros pijos se transforman en fresas. El significado de la lengua